domingo, 9 de noviembre de 1997

Entrevista a Roberto Chediak: “La gente se enferma y muere de acuerdo a su clase social”




Por Martín Appiolaza, publicada en Diario Los Andes, 9 de noviembre de 1997.

Su utopía es terminar con la pobreza y entiende la política como un instrumento para, alcanzar la felicidad de los hombres. La medicina le mostro las enfermedades que produce la miseria. Frustraciones de un político. Discriminación.

Diferenciando la estabilidad monetaria del modelo económico, asegura que no alcanza con reducir la inflación y reclama una redistribución de los beneficios sociales. La utopía del , medico militante social y concejal Roberto Chediak es que se termine la pobreza. Mientras tanto, la vida y la muerte estarán condicionadas por la situación económica de los hombres.

En un permanente juego dialéctico, viaja de lo particular a lo general, intentando explicar la relación de un sarpullido con la pobreza estructural y el desempleo con la violencia social. En su doble rol de médico y militante social, encuentra las soluciones para los sufrimientos cotidianos en un cambio de la sociedad. Después de muchos años de ejercer la medicina en barrios pobres, ahora canaliza estas inquietudes a través de la política. Como socialista es miembro del Frepaso y espera ansioso la alianza con el radicalismo.

Cuando asumió como edil de Godoy Cruz, se alejó del centro de salud del barrio La Gloria, donde había formado una coordinadora que sumaba esfuerzos vecinales y religiosos para mejorar la calidad de vida. Este trabajo es la continuación de algo que empezó en 1964: "Era médico de barrio hasta que me fue a buscar la Triple A en noviembre de 1975". Llegó entonces el exilio, en Colombia primero y Costa Rica después. Convencido de los postulados dela revolución sandinista que en 1979 terminó con el régimen de la familia Somoza en Nicaragua, se inscribió en una brigada de salud para colaboraren ese país. "Fue una experiencia impactante, Cuando llegué a la frontera de Nicaragua, encontré colgado un cajón de lustrador donde decía: 'La revolución se ha hecho para que nunca más un chico tenga que lustrar botas. Era un período de mística revolucionaria.
-¿Cuándo comenzó el ocaso de esa mística?
- El bloqueo obligó a la sociedad nicaragüense a militarizarse, cerrando el proceso solidario de participación popular. Por ejemplo, un día fui a la Universidad de León para ver al vicerrector por un proyecto de investigación, pero no lo encontré porque estaba en la frontera como miliciano. En la guerra mataron a los cuadros intermedios y la dirigencia quedó aislada.
-¿Le sirvió su experiencia como médico de villas en Mendoza?
- Muchísimo. Estaba acostumbrado a trabajar sin medios. Yo soy pediatra, pero siempre he ejercido como médico de familia. Los años me enseñaron a rescatar la relación con la persona, más allá de los adelantos técnicos: si no entendés a la gente no la podés curar.
- ¿Cómo era su trabajo antes del exilio?
- Los sábados iba gratis al barrio Flores, donde también trabajaba el cura Macuca Llorens. Allí se hacía de todo: tenías que ocuparte del agua, la basura y la fiebre de un chico. Entender la relación de la salud con la calidad del trabajo, la alimentación, la pobreza y el desempleo, era fundamental para encontrar soluciones. Esa experiencia me hizo comprender los aspectos sociales de la medicina.
- ¿Hacían militancia social?
- Estábamos inmersos en un proceso de luchas sociales. Nuestro trabajo estaba vinculado con el auge de los movimientos sociales, que tenían clara dimensión política. Por ejemplo, el trabajo de Llorens no podés reducirlo a la formación de cooperativas, sino que le estaba dando una nueva dimensión a la participación social. Con el tiempo, la gente logró entender que la salud se conseguía con algo más que una visita a un consultorio.
-¿Por ejemplo?
- En una época, muchos niños padecían enfermedades de la piel. Vivían rodeados por animales en un lugar muy sucio. Les propuse alejar los caballos, pero se negaron porque ese era su medio de vida. Llegamos a un pacto: durante un mes sacaron los caballos, pero si los chicos no se curaban, los devolvían. Dio resultado y al poco tiempo se acabaron las enfermedades.
- ¿Hoy sigue ejerciendo de la misma manera?
- Estoy un poco alejado, pero hasta hace poco estuve trabajando en el centro de salud del barrio de La Gloria. Allí me puse en contacto con el cura Jorge Contreras y formamos una coordinadora junto a las señoras del barrio, las monjas y la unión vecinal. Siempre me he sentido identificado con el trabajo social, pero no coincido con los que quieren estar con los pobres buscando una manipulación política que beneficie al gobierno.
- ¿Cuál es la diferencia?
- Yo quiero estar con los pobres pero quiero que no haya más pobreza. Esa es la diferencia: no hay que glorificar a la pobreza, hay que eliminarla. Hoy, a los que dicen que se murieron las utopías, les contesto que terminar con la pobreza es técnica, económica y humanamente posible. Esa es mi utopía.
- ¿Qué secuelas deja la pobreza, que se ha incrementado durante los últimos años?
- La existencia de la pobreza explica muchas cosas que están pasando en nuestra sociedad. Por ejemplo, la violencia está relacionada con la desocupación, el abandono infantil y el maltrato. Tenemos dos sociedades: una con enfermedades del primer mundo; la otra, sufre los problemas primitivos como el hambre, la desnutrición, la falta de protección familiar y vivienda.
- ¿Quiénes resultan más perjudicados?
- Todos, pero los que más sufren este modelo son los adolescentes rechazados en los empleos por vivir en barrios urbano-marginales. Se está produciendo una estigmatización de la pobreza. Creo que se puede eliminar la violencia diseñando una sociedad con solidaridad, ética, trabajo, vivienda y protección.
- ¿Los niños también resultan discriminados?
- Claro. Por ejemplo, las vacunas contra la meningitis, la hepatitis A y B, la rubéola y la papera, se colocan a nivel privado y son caras. Por este impedimento económico, en los consultorios privados las recomendamos, pero a los pobres les decimos que no hacen falta. Existe mucho cinismo. Mientras tanto, siguen las diarreas, la disminución de la talla, el bajo peso al nacer. No hay duda: la gente se enferma y muere de acuerdo a su clase social.
- Todo comienza al nacer…
- Claro. En los abortos, mueren las madres en los sectores sociales más desprotegidos. Simultáneamente aumentan las madres solteras. La gente rica tiene acceso a los programas de planificación familiar, pero los pobres son. Los médicos a veces tienen una doble morar: a nivel estatal no quieren hacer planificación familiar argumentando convicciones religiosas, pero la hacen a nivel privado… Yo conocí a una madre que intentó suicidarse con sus dos hijitos. Me confesó que había tomado esa determinación porque la otra alternativa era prostituirse. Me contó que le lastimaba el llanto de hambre de sus hijos.
- ¿Como concejal no siente impotencia ante estos casos?
- Siento frustración. Es que la realidad supera ampliamente mi capacidad de decisión. La gente me visita todos los días pidiendo trabajo o diciendo que no tiene para sacar el documento de identidad. Las soluciones que puedo ofrecer son minúsculas y no modifican lo suficiente la realidad. La solución está en los niveles superiores, donde pueden cambiar el rumbo del modelo económico.
- ¿Qué le critica al modelo?
- Glorifica la competitividad, el eficientismo, el mercado. No estoy en contra de la paridad cambiaria, pero la estabilidad no alcanza. Ha generado un modelo cultural, el del menemismo, farandulizando la política y minimizando los contenidos. Se vive de las encuestas y las imágenes. Insisto, el modelo es mucho más que la paridad, hay que tener en cuenta las consecuencias. El cambio sin anestesia que anunció Menem, produjo la muerte de muchísimos argentinos, la desocupación de millones. Con el cambio aumentó la desnutrición, que provoca más discapacitados psicosociales. Esos niños, que no alcanzarán un desarrollo cerebral normal, dentro de algunos años tendrán problemas de aprendizaje, las escuelas no les darán lugar, no tendrán un oficio y serán estigmatizados.
- ¿Estas actitudes general el descrédito de los políticos?
- Claro, por eso creo que tenemos que remontar la cuesta y darle otro sentido a la política. La función del político es diseñar una sociedad que haga feliz a la gente. Alfredo Palacios decía que la comarca más rica es la que tiene seres humanos bien nutridos, felices y dichosos. Hoy se ha puesto la política al servicio de la economía: ya no se habla de seres humanos, sino de abonados, usuarios, contribuyentes y consumidores. Han cosificado a las personas y le han dado vida a las bolsas de valores. Esto produce una deserción de los intelectuales, dejándole un espacio a los que tienen el cuero más duro y utilizan metodologías non sanctas. Hay que revitalizar la política desde abajo. Tenemos que preguntarnos qué rol le damos al país en este mundo globalizado, qué rol le damos al Estado.

Internas

Forma parte del Frepaso, que duplicó la cantidad de concejales en su departamento. Con miras a la conformación de la Alianza en Mendoza, los dirigentes de su partido han sugerido la posibilidad de estrechar fuerzas con el Partido Demócrata.

- Resulta difícil imaginar a un socialista aliado con demócratas…
- Hay que conseguir pluralidad. Hay que balancear, hacer debates y acuerdos que no sean negocios. Yo puedo coincidir con militantes de base peronistas, radicales y demócratas, pero a veces nos separan otros niveles dirigenciales. Por eso, la Alianza es un paso hacia adelante para ir construyendo. Podemos convivir institucionalmente.
- ¿Quiénes son los responsables de que no se hiciera la Alianza en Mendoza?
- No hubo tiempo, pero se hicieron esfuerzos hasta último momento. Creo que hubo responsabilidades compartidas y nos faltó a todos un poquito de grandeza. Quizá no supimos presionar desde los niveles intermedios, para que se hiciera la Alianza. Sin embargo, fue una buena elección para todos.
- ¿Qué candidatos aliancistas le gustarían para la presidencia?
- Hay otras prioridades. Tenemos que privilegiar un espacio, un proyecto político y una metodología que nos permita el encuentro. Hay lugar para otros sectores progresistas que pueden sumarse, tenemos que abrir espacio a cuerpos técnicos independientes. Nos tenemos que poner de acuerdo en el diseño de la sociedad.