domingo, 30 de septiembre de 2001

Las armas que más se usan en los delitos

Por Pablo Icardi, publicada en Diario Los Andes, 30 de septiembre de 2001
Link al informe: aquí

Son pequeñas, conseguirlas no significa un problema y cuestan pocos pesos. Pero intiman, amenazan y matan de la misma forma que cualquier otra. Contrariamente a lo que se cree, en Mendoza la mayoría de las armas de fuego que son usadas en delitos graves son de bajo calibre, económicas y hasta hace poco se vendían casi libremente.

Incluso muchas de ellas duermen en las mesitas de luz de familias que las compraron como herramienta de defensa, pero que en realidad agravan el riesgo de ser víctimas de hechos violentos, así como de accidentes.
Esos datos son parte de una investigación realizada por miembros del Ministerio de Justicia y Seguridad que apuntó a saber qué tipo de armas eran usadas por los delincuentes. Como muestra para el trabajo se utilizaron los 2.676 revólveres, pistolas y escopetas secuestradas por la Justicia y la policía (y que habían sido utilizadas en delitos), entre agosto de 1992 y julio de este
año.
Entre los resultados del estudio se determinó que los revólveres y pistolas más pequeños, sobre todo de calibre 22, que son de uso civil y generalmente se adquieren como armas para defensa personal, fueron utilizadas en más del 70% de los delitos cometidos en ese período (ver infografía).
También se dedujo que la mayoría no fueron secuestradas a sus propietarios, sino que eran de segunda mano, robadas o adquiridas en el mercado negro. Y, en cambio, las armas consideradas como de guerra o de uso condicional no son las predilectas para cometer delitos porque son más fáciles de identificar.

Al alcance de la mano
Las armas de fuego que usan más frecuente los delincuentes están prácticamente al alcance de la mano. Hasta1994 sólo era necesario presentar la cédula de identidad y por unos 50 pesos (o menos inclusive) se conseguía un revólver o una pistola calibres 22 ó 32 de fabricación nacional (muchas de esas fábricas ya cerraron). Eso hizo que entraran en circulación miles de estas armas de fuego que se han pasado de mano en mano y de las que no se tiene registro.
Hoy los controles para tenencia son algo más estrictos. Pero igual no alcanzan.
En el mercado paralelo a las armerías legales no es difícil adquirirlas. Además las balas son de venta libre en armerías y hasta se consiguen en algunas ferreterías.
La clasificación entre el tipo de armas hacía pensar que las de uso civil son menos peligrosas que las de grueso calibre. Pero los números indican que tienen el mismo poder intimidatorio y destructivo.

No tan seguros
Con el aumento de la sensación de inseguridad (sobre todo a partir deprincipios de los ´90) se promocionó a las armas como una herramienta útil para la legítima defensa.
Los comerciantes de ese rubro aseguran que esa tendencia se notó en el cambio que hubo en las ventas. “Antes compraban armas para cazar y desde hace unos 10 años la gente busca revólveres para defenderse”, comentó un conocido armero de la provincia.
El problema que arrastra la tenencia de estas armas es que muchas veces son robadas de las casas o son vendidas a terceros, de manera que entran en el circuito ilegal. Según dicen en el Ministerio de Justicia, la adquisición de armas no hace más que aumentar la posibilidad de ser víctimas de delitos violentos.
“El sólo hecho de tener un arma genera un riesgo. Los delincuentes buscan las armas hogareñas para robarlas y usarlas para delinquir. Además, está comprobado que con la presencia de un revólver es más factible que una pelea pueda terminar con consecuencias trágicas”, afirmó Martín Appiolaza, coordinador del Plan Canje y autor de la investigación.
En efecto, en el 80 por ciento de los asesinatos está involucrada un arma de fuego. Y, según los datos que registran en el ministerio, la mayoría de las 980 muertes por armas de fuego registradas entre el 91 y 2001 fueron producidas por riñas, accidentes domésticos y suicidios.Y se estima que sólo un 10 por ciento de los casos fue precedido por un robo o violación.
De igual manera, aseguran que la tendencia está cambiando y que cada vez más gente cree que un arma no da seguridad: la cifra trepó del 74 al 84 por ciento entre diciembre del año pasado y marzo de 2001, según las encuestas oficiales.
Con estos datos como base, el trabajo propone a manera de conclusión la necesidad del desarme de la sociedad civil para alejar los riesgos. Pero otros aseguran que prohibir las armas potenciaría el mercado negro y “dejaría a los delincuentes armados”.