miércoles, 29 de septiembre de 2004

Masacre de Patagones: Para que no se repita

Por Martín Appiolaza, Asesor de Naciones Unidas, especialista en desarme

Pasó una vez, evitemos que se repita. No nos dejemos anestesiar con los detalles truculentos de la masacre de Patagones, buscando culpables para quemar en la hoguera pública o haciendo psicoanálisis de verdulería. Empecemos por eludir la tentación de simplificar los problemas para digerirlos rápido y mañana poder atragantarnos con otro escándalo. Un adolescente que asesina a sus compañeros en una escuela de pueblo grande es mucho más que un hecho aislado, es un síntoma de la violencia que atraviesa el país, y que no es patrimonio exclusivo de los delincuentes. Esa violencia mata con ayuda de las armas.

Estamos frente a un problema complejo. Si dejamos de mirar nuestro ombligo celeste y blanco, descubriremos que otros países emergieron de tragedias parecidas atacando los factores de la violencia. Mientras que en la Argentina discutimos si seguridad y derechos humanos son compatibles, la semana pasada jefes policiales de Centroamérica -donde las tasas de homicidio están entre las más altas del mundo- se reunieron para discutir planes coordinados de prevención de la violencia (sin temor a que los acusen de defender a los delincuentes). Consideraron a las armas un factor que potencia la violencia y propusieron programas de desarme para toda la región.

Años atrás en Tasmania (Australia), un arma en mano de jóvenes mató a 16 niños: el Parlamento decidió restringir el acceso a los fusiles automáticos y el Estado recolectó y destruyó miles de armas. Tragedias similares se produjeron en Brasil, Estados Unidos y Escocia. Ellos supieron transformar las crisis en oportunidades para generar cambios (pese a la resistencia de algunos grupos de interés o extremos ideológicos).

No dejemos entonces que las muertes en Carmen de Patagones se vuelvan una noticia vieja. Las armas son un problema en la Argentina porque han sido usadas para imponer ideas, para atacar a la democracia, para pisotear los derechos humanos y hoy siguen matando a decenas de personas, mientras son usadas en peleas entre amigos, vecinos o amantes, suicidios, ajustes de cuentas, en secuestros, robos, violaciones y homicidios. Esto produce gastos millonarios en nuestro sistema de salud, le quita dinero a la educación, impacta de manera negativa en el producto bruto, impide reducir la pobreza, genera inequidad y todo esto trae de la mano más violencia. Como sociedad deberíamos empezar un debate honesto sobre la violencia, poniendo la atención en el tema de las armas. Para que no se repita.