domingo, 13 de agosto de 1995

Entrevista a Rodrigo Fresán: "Una novela con teoría es como un regalo al que se le deja el precio”

Por Martín Appiolaza, publicada en Diario Los Andes el 13 de abosto de 1995

No es un escritor joven, pero tampoco es viejo. Siente aversión por las clasificaciones. Hijo de intelectuales de clase media, desde muy temprano siguió un camino que lo llevaba a cumplir el sueño más preciado: contar historias. “El escritor es una especie de médico brujo de la tribu. Su medicina está en los cuentos: pasajes en banco para imaginar. Además, “es lo único que sé hacer”, confiesa

Biografía de solapa. Rodrigo Fresán nació en Buenos Aires en julio de 1963. El día que festejaba su cumpleaños número treinta y uno, arrancaron de cuajo el edificio de la AMIA. Desde mediados de los ’80 ha ejercido el periodismo en medios tan numerosos como aparentemente irreconciliables: crítica de libros, aspectos literarios y cientificistas de la gastronomía, biografías de segundones del cómic y polémicas postales del ghetto rockero. En la actualidad escribe para Página/12.
Agreguemos que prefiere escribir de mañana. Editó su primer libro de ficción, “Historia Argentina”, a los 27 y vendió 14.000 ejemplares. Le siguieron “Vida de Santos” y “Trabajos manuales” con repercusión decreciente.
En un descanso, después de entregar a la editorial su primera novela, se produjo el diálogo. El lugar: un cafetín de Buenos Aires, con poca luz e impregnado de olor a café de oferta.

Génesis del escribidor
Siempre quiso ser escritor, pero a veces con la vocación literaria no alcanza. Rodrigo nació con algunas ventajas. “Tuve la mala suerte de nacer en la Argentina, pero la buena de que mi padre era intelectual del Di Tella y mi madre psicoanalista. Recuerdo perfectamente en el living de mi casa a Rodolfo Walsh, García Márquez o Cortázar. La biblioteca en mi casa era algo tan importante como la heladera. Siempre me regalaron libros y nunca una pelota número cinco. Por suerte…”
Como Superman, desde pequeño empezó a mostrar sus virtudes: “En las composiciones me sacaba muy bien diez”
Pero en la feliz historia de una pareja con un hijo que quería ser escritor hay una mancha indeleble. “Me secuestraron y después me canjearon por mi vieja. Fui a buscar los libros a mi casa y estaba el departamento tomado. Vivimos en Venezuela, donde hice parte de la secundaria. Cuando volví, se habían perdido mis papeles. Por eso tengo sólo 5 años de primaria. A la fuerza, tuve que hacerme una profesión”.

Generación X
Fresán no permite que se lo encarcele con etiquetas literarias. La pregunta detonante es: ¿se puede hablar de una nueva generación de escritores argentinos? “Supongo que se puede hablar de una nueva generación, porque la crítica lo hace todo el tiempo. Pero, para serte muy sincero, ese no es mi interés primordial. Cuando me pongo a escribir no pienso que estoy dentro de una generación, que tengo tantos años, bla bla bla… El tema del escritor joven es una argucia que la academia y el periodismo arman para simplificar un fenómeno cultural. Por ejemplo, Hemingway y Fitzgerald nunca dijeron “somos la generación perdida” ¿Por qué hay que ponerle una etiqueta o teorizar todo” Una novela con teoría es como un regalo al que se le deja el precio. A mí, me interesa contar una historia que empiece, termine y produzca algo”.

Escritores jóvenes
El autor de “Vida de santos” dispara contra otra etiqueta: los escritores jóvenes. “No me siento dentro de ninguna generación, ni creo que la edad sea determinante. En la Argentina te ponen una etiqueta y no te la sacás más. Me preocupa que la gente las asimile tan fácilmente porque eso tiene que ver con el conformismo, con no leer ni pensar que es realmente. No creo que la gente joven escriba diferente a los mayores. No creo que la escritura mejores o empeore con la edad. Muchas veces leo a Bioy Casares y lo siento como un escritor mucho más joven que yo. Por otra parte, si vamos a lo espurio y cínico del asunto, Truman Capote publicó “otras voces, otros ámbitos” cuando tenía 18 años. Ahí si podemos hablar de un escritor joven. Yo tengo 32. Por otra parte, antes de Juan Forn, Marcelo Figueras o yo, los escritores jóvenes argentinos tenían más de 40 años. Ahora se baja un poco el requisito de inscripción”.

Los escritores también van al baño

La romantización del oficio del escritor y la bohemia característica, llevan a que se los vea como bichos raros. “Hay una mistificación del escritor, bastante extraña, que no sé a qué responde. Quizá porque es un oficio totalmente atípico en el siglo XX y eso lo romantiza un poco. Lo clásico es el escritor sufriendo, pero los escritores también van al baño. Si hay alguien que sufre escribiendo, es un imbécil. Si lo hacés, es porque te divertís mucho. Escribir es una rara forma de perversión o te estás vengando de alguien, o en mi caso, porque es lo único que hago más o menos bien”.

Esperanto
Dentro de poco se conocerá la primera novela de Rodrigo. “Acabo de entregar mi último libro. La escribí muy rápido. No pensaba escribirla, pero me surgió de golpe en un sueño. Terminé la primera versión en una semana. Estoy contento porque es la primera novela y además tiene una estructura muy divertida”.
¿Cómo se llama? “El título es Esperanto como el idioma. Es el apellido del protagonista, que se llama Federico Esperanto. Es un tipo que dice todo el tiempo ‘nadie me entiende?. Su condena es ser un incomprendido. Son siete días en Buenos Aires durante 1995. Es una especie de policial existencial”.
¿Por qué ese título?: “tenía la idea de escribir un libro, que tenga como título el nombre del protagonista. Me gustan los libros de la literatura norteamericana que tienen el apellido del personaje principal. Todos cuentan la historia de un tipo en picada, al que le va muy mal, cada vez peor. Son apologías del fracaso”

Señas particulares
En cuentos de Fresán, los rockeros predominan sobre los tangueros, la cocaína reemplazó al anís y las mujeres extravagantes suplantan a las señoras de barrio. “Cortázar y Soriano también mencionan la música. Cuando escribo de rock, no hago más que hablar de la música que escucho y la que escuchan los personajes. Hablar de una línea de cocaína en vez de un faso de whisky no te hace un escritor joven”.
¿Para qué sirve Fresán como escritor? “La función social de escritor es brindar historias a la sociedad, porque hay gente que las necesita como válvula de escape o como forma de aprendizaje de formas alternativas. El escritor es una especie de médico brujo de la tribu. Escribo porque si no, me muero. No hago nada bien, soy un torpe absoluto para todo. Desde que tengo memoria, sueño con ser escritor. Mi idea de Dios es escribir”.