domingo, 9 de octubre de 2005

¿Cómo abordar el problema de la violencia armada y su influencia en la infancia y adolescencia?



En los países de la región, la violencia agravada por la presencia de las armas en la sociedad civil afecta especialmente a niños, niñas y adolescentes. El problema no es sólo de las organizaciones criminales; también se le asocia con hábitos culturales

Save the Children Suecia, septiembre de 2005

La falta de oportunidades, la desigualdad y la discriminación son algunos de los factores que determinan los hábitos culturales que propician el desarrollo de la violencia. Con la presencia del alcohol, las drogas y el uso de armas por parte de la sociedad civil, las soluciones propuestas para combatirla pierden eficacia.

Algunos Estados optan por la represión como una respuesta desesperada, sin percatarse que no tiene ningún sentido combatir a la violencia con más violencia.

Mas el problema debiera abordarse combatiendo no la violencia en sí sino sus orígenes, con propuestas posibles de desarrollarse mediante alianzas y políticas a corto plazo.

Sobre el tema, presentamos los avances obtenidos mediante un estudio realizado por Save the Children Suecia, destacando las buenas prácticas en la región y proponiéndolas como ejemplos a ser tomados en cuenta.

Como se sabe, Save the Children Suecia trabaja junto la sociedad civil sobre la base de los derechos del niño, influyendo en las diversas organizaciones vinculadas en esta problemática y persiguiendo como objetivo fundamental que los niños sean percibidos como sujetos activos de derechos.

La violencia en América Latina

En primer lugar, debe mencionarse que la violencia se viene convirtiendo en uno de los principales obstáculos para el desarrollo sostenible de América Latina, llegando a determinar conductas agresivas, incluso a niveles colectivos, como medios de defensa.

La desesperación también hace perder la perspectiva al momento de identificar a los responsables de la violencia. La mayoría señala a los niños, niñas y adolescentes como sus principales agentes; paradójicamente, también son reconocidos como los más afectados por ella.

Pandillas y violencia

Revisando los medios y ciertas políticas de Estado, vemos que se tiende a estereotipar y concentrar la amenaza de la violencia en grupos de niños y adolescentes (mayormente varones) debido al fenómeno de las pandillas (o maras) que actualmente afecta a la región, especialmente a Centroamérica y El Caribe.

A las pandillas se les asocia con todo lo negativo: homicidios, terrorismo, desgobierno, robos, etc. Esta simplificación de la realidad conlleva a tomar decisiones igualmente simplistas; para algunos, esto es argumento suficiente para justificar la intervención militar en la represión de estos grupos.

Otro fenómeno que involucra a la infancia es el denominado “delito amateur”, que se refiere a la trasgresión de la ley sin procurar grandes cantidades de dinero y sin pertenecer a ninguna organización jerárquica. Este tipo de delito tiene a niños, niñas y adolescentes como sus protagonistas principales e incluye el uso ocasional de las armas.

A veces, por obvio que parezca, es necesario aclarar (especialmente a la opinión pública) que la violencia no se concentra en un grupo social específico, que proviene de una serie de factores objetivos y que debe abordarse en su complejidad para prevenirla.

Niños y adolescentes: principales víctimas
América Latina y el Caribe registran un alto grado de violencia, en especial respecto de la concerniente al uso de armas de fuego. Según las estadísticas, el 40% de los homicidios en el mundo, cometidos con estas armas, suceden en nuestra región. Estas muertes a su vez representan el 60% del total de nuestros crímenes.

Los adolescentes varones forman parte del grupo más afectado por la violencia armada. Para entrar en mayores detalles, en El Salvador, el 14.5% de las víctimas de homicidios tienen entre 15 y 19 años de edad; en Guatemala, durante el 2003, hubo un promedio de tres adolescentes muertos cada día; en Medellín, durante el 2000, murieron dos niños cada día y un adolescente cada cinco días; en Brasil, entre 1994 y 2002, la tasa de homicidios de adolescentes de 15 años creció en 88.6%.

El problema de niños, niñas y adolescentes en relación con la violencia armada se hace visible a través de la elevada tasa de victimización, teniendo como uno de los componentes más preocupantes la utilización de armas de fuego, que aumenta la letalidad que los afecta como grupo social.

Acceso a las armas

A riesgo de simplificar el problema, podría decirse que el fenómeno de la violencia juvenil abarca la participación de los niños, niñas y adolescentes vinculados a su vez en la violencia armada organizada, pasando por aquellos que con decreciente frecuencia y niveles de agresión intervienen en el delito utilizando armas, y llegando a los que son actores pasivos de prácticas vinculadas con las armas como factor cultural.

El asunto ha llamado la atención de organismos internacionales, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil que han estudiado, diseñado e implementado programas para hacer frente al tema.
Aunque la presencia generalizada de las armas se asocia a las guerras (internas o internacionales), la actual disponibilidad de armas no permite ver con claridad la diferencia entre el antiguo concepto de guerra y el crimen organizado o la violación sistemática de los derechos humanos por parte del Estado o de grupos organizados.

Seguridad social

En este contexto, los gobiernos pierden autonomía e incluso pueden llegar a perder el control de la nación. Es entonces cuando aparecen grupos paramilitares, mercenarios, caciques, bandas criminales, narcotraficantes… todos estos grupos reclutan a su vez a niños y adolescentes bajo el compromiso de brindarles aquello que el Estado no puede.

Los Estados parecen entender la seguridad como un asunto concerniente exclusivamente a la defensa del territorio ante amenazas externas. Pero seguridad también involucra la protección contra las enfermedades, el hambre y la falta de expectativas laborales, contra los delitos y la represión política, contra las amenazas del medio ambiente, etc.

Y frente a esto, los Estados tampoco se preocuparon por analizar las consecuencias de la violencia armada, ni de identificar cuáles grupos humanos eran los más afectados. Con esto, la infancia y adolescencia fueron absorbidas por este problema, llegando a las cifras antes mencionadas y convirtiendo el asunto en un problema de dimensiones catastróficas.

Armas pequeñas y ligeras

El asunto fue que, desde los años setenta (luego de la aparición de las guerrillas latinoamericanas) la atención sobre las armas de fuego sólo se abordó desde un ángulo político: ¿Eran o no un peligro para la estabilidad del sistema administrativo?

Preocupados por la defensa de la democracia (desde entonces, el paradigma del desarrollo económico), nadie pareció visualizar las consecuencias que podrían tener en una sociedad civil desatendida y desorganizada.

A esta última llegaron las “armas pequeñas y ligeras”, como las denominan las Naciones Unidas, provocando el desastre que ya conocemos: estas armas de fuego están matando a niños, niñas y adolescentes en América Latina en una proporción mayor que a otros grupos etarios, y en mayor cantidad que en el resto del mundo.

La sociedad civil, en este contexto, no puede ofrecer guías simples que sirvan de orientación a la infancia. La familia como institución viene sufriendo cambios radicales en su estructura, los niños se ven obligados a trabajar para contribuir económicamente con ella y, en general, se encuentran demasiado expuestos a la delincuencia y al crimen.

Acciones coordinadas

Existe una relación directa entre el incremento de la violencia y el desarrollo económico. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la violencia le cuesta a América Latina el 12% de las riquezas que produce cada año. Obviamente, esto obstaculiza las posibilidades de desarrollo y acentúa los factores que desencadenan esa misma violencia. Es un ciclo de empobrecimiento, pérdida de posibilidades y más violencia.

Atendiendo esta relación entre violencia, armas y crecimiento económico, se viene realizando algunos intentos para abordar el problema y cómo afectan los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Podemos mencionar el apoyo brindado a toda América Latina por parte de Save the Children Suecia en el tema de la violencia armada y la infancia, el Programa Sociedad sin Violencia (iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) en El Salvador, la política de desarme impulsada por el gobierno de Guatemala, el programa Children and Youth in Organizad Armed Violence de la ONG Viva Rio, entre otros.

Analizando las iniciativas

Debemos señalar que en todos los proyectos destinados a resolver la problemática de la violencia y su incidencia en niños, niñas y adolescentes, hay una serie de puntos en común.
En primer lugar, se cuenta con la intervención local de los gobiernos; es decir, con un acercamiento a las comunidades que permite evaluar, diseñar y desarrollar las políticas.
También es ponderable la alianza entre gobiernos, sociedad civil y organizaciones internacionales. Los primeros buscan soluciones, mas la gestión asociada o interacción con la sociedad civil y la cooperación técnica y económica de organizaciones internacionales genera un espacio óptimo de trabajo.

El desarrollo en estos proyectos incluye también la participación activa de niños, niñas y adolescentes, atendiendo a uno de sus principales derechos (el de participación) y recogiendo sus experiencias y sugerencias tanto en el diseño como en la implementación de estrategias.

También se evidencia la necesidad de analizar el fenómeno de la violencia armada desde la perspectiva de las víctimas y del impacto en el desarrollo, debido a que se trata de una circunstancia relativamente novedosa.

Probables líneas de trabajo

Se sabe que por su misma naturaleza, la problemática de la violencia en la región no podrá ser solucionada en el corto plazo. Pero sí deben tomarse medidas inmediatas para evitar que la misma continúe afectando a la infancia.

Al respecto, podemos citar algunas de las iniciativas más importantes. A partir de talleres propuestos por el Swedish Fellowship of Reconciliation (SweFor) y con el apoyo de Save the Children Suecia, se ha implementado una serie de redes temáticas nacionales, como la Red Argentina de Desarme y la Red Colombiana por una Sociedad sin Violencia. Se sabe que este tipo de redes pueden desarrollarse también en el Perú, Ecuador, Paraguay y posiblemente Uruguay.

Save the Children Suecia también coopera con las iniciativas de otras instituciones, sobre todo en el área de difusión de estrategias destinadas a sensibilizar a la sociedad en relación con la violencia armada y su impacto sobre el grupo más damnificado: niños, niñas y adolescentes.