domingo, 4 de junio de 2006

Elecciones en Perú: Un menú no muy tentador

Por Martín Appiolaza (*), Periodista

Las crisis caprichosas se encargaron de mantener vigentes durante casi 40 años la pregunta que Mario Vargas Llosa proponía en la novela “Conversación en la Catedral”: ¿En que momento se jodió el Perú? Y muchos la seguirán regurgitando hoy, mientras caminen hacia las urnas, o crucen ríos amazónicos para votar, o bajen de las sierras para optar entre candidatos que juran que rescatarán al Perú.

El menú no es muy tentador. Se habla de optar por el mal menor. Pero no hay nada definido porque existe un voto oculto por Ollanta Humala y el hartazgo de la gente aumentará el abstencionismo que hunde a Alan García, por ahora favorito en los sondeos.

No ayudó mucho la campaña electoral levantada a partir de acusaciones de torturas, pactos de impunidad, corrupción de todo tipo, intervenciones publicitarias del presidente venezolano Hugo Chávez, manipulaciones de la información por parte de la prensa y un manojo de maniobras que, según los analistas, benefician a Humala, más asociado a lo nuevo y no a la sucia vieja política.

Así, en la opinión pública se profundizó la desconfianza en las instituciones democráticas de un país que con dificultades se está recuperando de varios tsunamis económicos, políticos y sociales.

Los más cercanos: golpe de Estado y reforma agraria de Velasco Alvarado, hiperinflación y corrupción con Alan García, el terrorismo demencial de Sendero Luminoso -que mató a 60 mil personas-, la dictadura de Fujimori con corrupción, violaciones a los derechos humanos y una crisis económica de yapa.

Intentemos trazar una imaginaria equivalencia con la política argentina: ¿podemos imaginar el futuro y la esperanza de la democracia si tuviéramos compitiendo en segunda vuelta (y con mayorías en el Congreso) a María Estela de Perón y el ex golpista Mohamed Seineldín?

Pero en Perú hay agravantes. Y si no, pensemos qué se podría esperar con esas opciones en un país que tiene más de 70 lenguas oficiales, con una profunda inequidad y desigualdad social, concentración del poder en la capital, con 5 de cada 10 personas pobres, con un Parlamento desacreditado y con una clase dirigente consumida por los fracasos.

Entre la mentira y el mito

En pocas pinceladas, éste es un retrato de una realidad tan compleja que tiene a Vladimiro Montesinos, paradigma de la corrupción y desprecio de la ley durante el gobierno de Alberto Fujimori, acusando desde la cárcel de corrupto a Humala. Al mismo tiempo que los hombres del ex militar (sospechado de violaciones a los derechos humanos y que saltó a la fama por intentar un golpe de Estado contra Fujimori) montan la exhibición pública de e-mails privados para denunciar un pacto de impunidad entre Alan García y el ex presidente prófugo de la justicia.

Y a este ceviche político no le podía faltar el ají: Hugo Chávez hizo campaña por Humala acusando de loco y ladrón a García.

Toledo y la OEA

Mientras, el presidente Alejandro Toledo -que llegó a tener una popularidad del 4 por ciento por sus trapisondas políticas y una compaña de desprestigio que tuvo a medios y opositores como arponeros- pide a la OEA que le tape la boca al venezolano Chávez.

Parábolas del destino: Toledo llegó a presidente en 2001 derrotando a García, a quien hoy apoya indirectamente, como el grueso de los partidos de izquierda democrática, de centro y de derechas.

Desde entonces, Toledo ha sido descalificado usando incluso argumentos racistas: lo han llamado despectivamente “cholo”, expresión para referirse a la gente de origen andino, segregada desde la conquista.

Pero ganó la presidencia apelando al “inkari”, la utopía andina de la redención de los pueblos despojados por el hombre blanco.

Se trata de la Lima pituca que todavía sigue manejando el país, arrinconado contra el Pacífico y mirando de reojo al Perú del litoral, el de la sierra y el de la selva que describió a mediados del siglo pasado Juan Carlos Mariátegui.

¿El mito del inkari está alimentando también el 45% de intención de voto por Humala, que ha levantado banderas de reivindicaciones raciales en su campaña? “No, somos un país mesiánico que busca un papá”.

Con Ollanta juega la imagen de autoridad que tiene como militar. El asunto étnico funciona en un segmento menor muy serrano del sur del país, que es el segmento donde creció Sendero Luminoso.

“Pero para el grueso de los cholos y pobres del país es más importante una autoridad nacionalista desde una perspectiva económica”, opina Zoila Avilés, estratega en comunicación política que ha trabajado para líderes del gobierno y la oposición.

Pero si el triunfo es para Alan García, tendrá una ventaja sobre todos los presidentes que lo siguieron después de su fallido mandato. Alan García es amo y señor del Apra, el único movimiento político nacional y bien estructurado, fundado por Víctor Haya de la Torre en 1924.

En un país con un proceso de descentralización en ciernes y fragmentado social y políticamente, esa es una ventaja. Humala llega en cambio con un partido prestado, formado por todos los que se le fueron arrimando en los últimos meses y donde se puede encontrar todo tipo de intereses revueltos.

¿Y después qué?

Hay dos certezas: habrá un ganador y tendrá muchas dificultades cuando se haga cargo del gobierno. Desde la experiencia política, el diputado y ex jefe de ministros Luis Solari nos dice: “El que gane tendrá la mayoría de votos en las urnas, pero al día siguiente su apoyo social no será mayor a un tercio de la población. Quien presente al electorado un proyecto más organizado tiene la probabilidad de tener un gobierno y un país más ordenado y viable. Al parecer, esta propuesta corresponde al partido aprista del señor García”.

Un país con tantos problemas no da segundas oportunidades, por eso el principal desafío está en la gestión. ¿Cómo sería un eventual gobierno de García, por ahora favorito? “Él viene repitiendo que, en el caso de ganar, lo hará con votos prestados”.

Una gran porción de peruanos lo prefiere como el doctor que ha matado pacientes antes que al chamán que usa brebajes. Y eso no legitima. Por eso, de ganar, la población no le dará los 100 días tradicionales de gracia: deberá mostrar hechos concretos en las primeras semanas”, dice a Los Andes Gustavo Rodríguez, escritor y publicista político.

La agenda de esa primera semana deberá incluir formar un gobierno bien aceptado socialmente y de consenso, sentar posición frente a los temas urticantes como la corrupción asociada con Fujimori, la relación con los otros gobiernos de la región, parecer confiable, temas económicos, definir estrategias para enfrentar la pobreza, un plan de seguridad, poner en caja a los sectores militares y definir su lugar en la relación con los otros países (especialmente con Estados Unidos, con Venezuela y con Chile). Susana Villarán, candidata presidencial del Partido de la Democracia Social, prioriza: “Cualquiera que gane debe respetar la democracia y retomar las reformas de la Justicia, de la Policía y la lucha contra la corrupción, a partir de acuerdos institucionales”. Estas son materias pendientes desde hace mucho tiempo.

Como decía un maestro del periodismo que Mendoza perdió hace poquitas horas, José María Fernández, “los españoles infectamos durante la Conquista a América Latina con las ideas que retardaron las libertades y las igualdades”.

Quizá es una primera respuesta a la pregunta de Vargas Llosa sobre los padecimientos que agobian al Perú y que quizás hoy podrían empezar a resolverse. Sólo quizás.


*) Ex periodista de diario Los Andes, quien han residido durante varios años en Perú entre 2002 y 2005. Actualmente trabaja para varios organismos internacionales en temas de seguridad.