domingo, 24 de diciembre de 2006

Venezuela: Rumba, ron y revolución

Se habla tanto de Venezuela, que es difícil llegar sin prejuicios en el equipaje. En su ritmo Caribe, la gente vive un proceso político que genera amores y odios incondicionales. Hay cambios profundos y también dudas republicanas.

Por Martín Appiolaza. Publicada el 12 de noviembre del 2006 en el Diario Los Andes


Barrio alto de Caracas, enero del 2006 (Martín Appiolaza)

Rumba, ron y revolución. El calco cubre parte del parabrisa de uno de esos autos de los ’70, con motores de camión, que Detroit fabricaba antes de la crisis del petróleo. Pero la nafta sigue baratísima en Venezuela y el taxi se traga medio litro al salir picando de la playa del aeropuerto. El chofer está contento después de arreglar una tarifa acorde a la cara del pasajero: se sacó el día y con más clientes así pagará la cuota de la casa que “el presidente Chávez me dio ayer”.
Trepando hacia Caracas, la ruta caracolea entre villas y carteles de publicidad oficial (siempre con la cara del líder omnipresente). Al costado están las casillas sanitarias atendidas por médicos cubanos que trabajan en el proyecto oficial de atención primaria de la salud llamada misión “Barrios Adentro”. En las laderas de los cerros verdes que se asoman al Caribe quedaron pelones de tierra donde erradicaron villas que ahora son barrios.
¿Por qué tantas caras de Chávez en las publicidades? El taxista defiende: “Dicen que Chávez es comunista, pero, ¿dígame que tipo de comunismo es esto con tantas camionetas 4x4 y barrios de millonarios? Lo que pasa es que ahora los pobres tenemos más posibilidades”. El litro de nafta cuesta 12 centavos argentinos.

Tierra de rumba
La palabra clave para la polémica es Chávez. A muchos les recuerda al primer Perón: la comunicación directa con la gente, el personalismo, el estilo militar, el sentido común, el gusto por el poder, las transgresiones y los cambios. Pero hay un toque Caribe en el estilo Chávez, una vocación por la provocación y lo lúdico.
Se dice que los caribeños viven la vida, lejos del estrés y al ritmo de la rumba y la diversión. Ese clima se vive en El Maní, “el último lugar del Caribe donde se escucha salsa tradicional”, según un guía de la noche caraqueña. En las paredes se mezclan fotos del Che Guevara y del equipo nacional de Béisbol de ’75. Cuando se calma la música, los taxistas recogen los restos de los bailarines embebidos en ron. Todavía está ahí changueando el guía caraqueño, con su camioneta 4x4 blindada: “De día soy chofer de los …(este cronista olvidó el apellido de una de las familias más ricas de Venezuela, vendedores de autos Renault). Ellos tienen miedo a los secuestros. En realidad, todos les tienen miedo”.
El tema de la seguridad, como en toda América Latina, está en el tope de la agenda de la opinión pública. Después del secuestro y asesinato de tres hermanos la salió a la calle a reclamar soluciones. Los canales oficiales hablan de crímenes orquestados para desestabilizar al gobierno. Los canales privados (opositores) hablan de ineptitud del gobierno.
Cualquier hipótesis es posible en un país tan polarizado. El poder oficial contra las maniobras de la oposición, formada por una alianza entre prensa privada, empresarios y partidos tradicionales. Pero la peor nota se la lleva la prensa –de los dos bandos- por su permanente falta de compromiso con la opinión pública y la verdad.

Aroma de ron
En Miami, donde la aristocracia de caraqueña tiene su segunda casa, el ron de Venezuela huele a cubano. El lobby anticastrista deplora a Chávez y pide sangre al Departamento de Estado. Del otro lado acusan a Bush de genocida. “No creo que Bush haga algo porque hay mucha interdependencia entre los dos países. Nosotros necesitamos el petróleo venezolano y ellos tienen 3.000 surtidores en Estados Unidos. Lo que sucedes es que en el Departamento de Estado y sus aliados son cubanos-americanos que ven a Venezuela como si fuera Cuba, pero son sólo expresiones aisladas que no tienen mucha trascendencia”, interpreta analista de políticas de seguridad regionales William Godnick.
Incluso, fuentes diplomáticas británicas diagnostican desde Londres que la situación con Venezuela es “manejable”. Posiblemente la confrontación verbal entre los dos países tiene el fin estratégico de consolidar alianzas a nivel regional con impacto en la política doméstica. Sin embargo, en el palacio gubernamental de Miraflores les preocupa una posible crisis en las relaciones y en secreto tientan a posibles mediadores con Estados Unidos.

Lógica de revolución
La biografía “Chávez sin uniforme” escrita por Marcano y Barrera explica que después de sobrevivir al golpe de Estado del 2002, el militar priorizó consolidar su poder interno. Dos años después las encuestas estiman una casi segura reelección. El desafío autoimpuesto es conseguir unos 10 millones de sufragios (casi el 80% de los votos útiles). Por ahora, el parlamento y la mayoría de los gobiernos están en manos de oficialismo.
La palabra clave es populismo. La prensa internacional y muchos analistas hablan de Chávez como un gobernante populista. ¿Qué significará ser populista? Depende de los usos y varía con el tiempo. En general sirve para acusar a un gobernante de engañar con pan y circo a sus electores, sin ocuparse de las decisiones trascendentes. Desde el chavismo, invierten la lógica y sostienen que la lealtad es con el pueblo y que necesitan su respaldo para hacer las transformaciones pendientes en un país que consagraba privilegios para sectores que hoy los defienden con uñas y dientes.
Desde la izquierda moderada, se critica la asimilación del Estado con un hombre y de una lógica de conflicto de clases que no facilita la sostenibilidad de los cambios. Pero hay aspectos que merecen una evaluación reposada de la gestión y que parecen funcionar bien, como el diseño participativo de algunas políticas, el impacto de las misiones como programas sociales de intervención directa del gobierno central en la salud, la educación, la alimentación y la reinserción social.
Al decir de Teodoro Petkoff un histórico líder socialista, primero aliado de Chávez y hoy precandidato presidencial por la oposición, el gobierno es un “ovillo de contradicciones”. No es fácil desenmarañarlo mirando CNN. Hay que vaciar las valijas de prejuicios y tratar de entender al ritmo de rumba y empujado con un poco de ron, esto que muchos venezolanos llaman su revolución.


Chavez omnipresente, Centro de Caracas, Junio del 2006 (Martín Appiolaza)