jueves, 19 de marzo de 2009

Ni brujos ni verdugos: la violencia se puede prevenir

Publicado en Diario Los Andes, 19 de marzo de 2009

La fórmula de estos días parece ser: popularidad a cambio de promesas de castigo. Esto sirve para el rating y las encuestas, pero no soluciona la inseguridad. ¿Cómo explicar por qué cada vez hay más presos, los jueces pueden castigar con más severidad, se gasta más dinero en seguridad y justicia, pero la violencia sigue aumentando? 




Por Martín Appiolaza, consultor en seguridad ciudadana y prevención del delito. Director de Fortalecimiento de las Instituciones Democráticas de Favim Acción Ciudadana


El problema de nuestra sociedad son todas la formas de violencia y no sólo el delito. Cuando apuntemos al tema, podremos prevenirla y empezar a resolver otros problemas más graves complementado con un servicio de policías. Por suerte hay voces que atinan en este sentido. 

El problema de la seguridad tiene solución. Los que no tenemos remedio somos nosotros. Por lo menos, no tenemos remedio si seguimos reaccionando horrorizados ante los hechos de violencia cotidianos como si se tratara de una plaga apocalíptica, la consecuencia de una degradación moral que hay que exorcizar blandiendo las espadas del bien como el castigo ejemplificador que aleje los demonios que nos acechan.


Siglos atrás, cuando una epidemia llenaba de muertos un pueblo, se creía que esa maldición sólo podía combatirse con magia y quemando brujas. Lamentablemente el método no era muy efectivo y las pestes sí. Los funcionarios de entonces recién encontraron soluciones cuando dejaron de pensar que las enfermedades eran un problema moral, si no un problema social que podía prevenirse. En medio de la desesperación cambiaron hogueras por antibióticos y verdugos por médicos. 



En temas de seguridad seguimos siendo medievales, pensando que se soluciona sólo con castigos ¿Lograremos pensar el crimen como el síntoma de una epidemia llamada violencia y trabajar para controlarla? 



Es la violencia, estúpido 



La violencia es una de las principales preocupaciones de los argentinos, pero se la piensa sólo como un problema de crímenes y castigos. Por cada crimen resonante que gana espacio en la tevé y en los debates de verdulerías, automáticamente hay un nuevo proyecto de ley que aumenta los castigos. Pero nunca hubo tanta gente presa en Mendoza. Y el crimen continúa. 

Los accidentes de tránsito son violencia y hay de sobra por estas tierras.


Los golpes en la casa contra las mujeres y los niños, o las peleas entre grupos de niños y jóvenes en los barrios son expresiones de la violencia que no hemos terminado de entender. Allí son violentados o mueren decenas por año y ya nos acostumbramos. También las grescas en los estadios de fútbol. Por supuesto que los asaltos, las violaciones o los asesinatos son expresiones de la violencia, pero no las únicas.


La Organización Mundial de la Salud considera que es violencia toda forma de agresión o ejercicio de poder que produce daños físicos, psicológicos o afecta el desarrollo de los otros. 

¿Qué tiene que ver una organización de salud con la violencia y el crimen? 



La violencia -también los crímenes como una expresión de la violencia-, es un problema para la salud. Por eso se vienen usando en el mundo, para prevenir la violencia, las mismas técnicas que se usan para prevenir las epidemias. Ni magos ni verdugos; la prevención de la violencia (y de los crímenes) como la prevención de las enfermedades, investiga por qué se producen los problemas, a quiénes afecta y dónde. Conociendo las causas, se pueden fabricar buenas vacunas. 



No hay pócimas mágicas 



Las estadísticas muestran que los niños y jóvenes varones son los más afectados e involucrados en la violencia. El problema empeora en las medianas y grandes ciudades, donde son empujados a la marginalidad por falta de empleo, hacinamiento, fracaso escolar, violencia en la casa o en el barrio. La cosa se complica aún más si hay abuso de alcohol, drogas o fácil acceso a las armas. 



Nuestra pócima para prevenir la violencia, antes de que lamentemos delitos, debe incluir, por lo menos, políticas de empleo e inclusión de jóvenes efectivas; contención escolar, cambios culturales que protejan a las familias y al barrio de la violencia repensando la masculinidad; alentar actividades deportivas, formación en ciudadanía que debe empezar por la participación de la gente en las decisiones de la comunidad, además de control y prevención del consumo de alcohol, drogas y desarme. Por supuesto policías cumpliendo el doble rol de prevenir el delito y también reprimirlo. 



Como se ve, las causas son muchas y no alcanza con una pastilla de penicilina (o pena de muerte, o más cárceles u otras recetas mágicas): es necesario muchos componentes al mismo tiempo y coordinados. Se suele creer que el delito se termina cuando hay más trabajo, pero en la práctica no sucede. También se piensa que enseñando valores alcanza, pero no. 



Fuera de la burbuja 



Hay muchas experiencias en el mundo que demuestran que un abordaje integral pensado desde las causas de la violencia, que involucre a todas las agencias del Estado y las organizaciones de la sociedad civil, logra buenos resultados invirtiendo menos presupuesto que el que demanda sólo la represión. 



En Colombia, la ciudad de Cali, seguida por Bogotá y Medellín, abrieron camino. La Organización Panamericana de la Salud está repitiendo el éxito en Río de Janeiro y San Salvador. El Ministerio de Salud de Costa Rica creó una coordinación con Educación, Seguridad y Justicia, para definir políticas de seguridad desde la prevención. 

En el proyecto Ciudades Seguras de la agencia de Naciones Unidas Hábitat combinó la mejora urbana de varias ciudades de África reduciendo la violencia delictiva. Los gobiernos locales han sido siempre esenciales como espacios de participación democrática, espacio de articulación de las políticas sociales y relación directa con los funcionarios policiales. 

Por eso, es una hipocresía decir que las soluciones son sólo económicas y negar que se pueden hacer cosas para mejorar, o dedicarse a medidas cosméticas como toquetear los códigos y conformarse con algunos piropos ocasionales. Afortunadamente se empiezan a escuchar cada vez con más fuerza las voces que superan la mirada puntual en el delito y levantan la vista hacia el bosque de la violencia. 



Se preguntan por la violencia de género, la violencia en el fútbol y entre los jóvenes. Entienden que vivimos en una sociedad violenta que supimos construir durante décadas a base de violencia, exclusión, ineptitud, autoritarismo, ombliguismo. 



Quizá llegó el momento de impulsar una ley integral para abordarla, sistemas de recopilación y análisis de información para entender la violencia y políticas interinstitucionales para prevenirla. Las respuestas no son sencillas, ni fáciles de implementar. Pero la inseguridad tiene solución porque la violencia tiene remedio.