sábado, 23 de junio de 2007

“La infancia es la opción para una sociedad nueva”


Entrevista a Eduardo Bustelo, autor de “El recreo de la infancia”


La propuesta es recrear: crear nuevamente la infancia libre de la compasión que justifica que los adultos la controlen. Los niños son los que más sufren la pobreza, la violencia y la opresión en nombre de su protección. Pero la infancia es el único camino para un nuevo comienzo como sociedad.

Diario
Los Andes, 23 de junio del 2007

Por Martín Appiolaza

Dispara sus argumentos para un nuevo comienzo de la infancia -también de la sociedad-, desde el hastío y la rabia. El sufrimiento de los niños en el mundo genera indiferencia, mientras las publicidades usan a la infancia para vender casi cualquier cosa, el control sobre los pibes que se salen del molde se vale de la mano dura, y las miradas piadosas los imaginan más como muñequitos de plastilina que como personas. Porque cree que “la infancia es el único agente social que puede transportar la idea de cambio” dispara la polémica como inicio de un nuevo camino.
Eduardo Bustelo trabajó durante más de 20 años en temas de niñez. Cambió de aires para trabajar sobre planificación social (dirige una maestría en la Universidad Nacional de Cuyo y antes hizo lo mimso en la Universidad de Buenos Aires). Pero un episodio lo devolvió al tema de niñez y desató la reacción, porque han pasado los años y poco mejora para la infancia.
Por eso le pone el cuerpo y escribe en primera persona. Asume: “formé parte del proceso en que se discutió la Convención de los Derechos del Niño y de la Cumbre Mundial de la Infancia. Me siento responsable de muchas de las cosas que están en la declaración, participé en la redacción de los borradores, en la definición de las metas de la Cumbre y la puesta en marcha de los planes de acción”. Luego reflexiona que reducir los problemas de la infancia a una cuestión de derechos es reducir a un aspecto de restitución judicial algo que debería ser políticas públicas de Estado.
Sus palabras están marcadas por la intención de desenmascarar la manipulación de la infancia desde el poder de los adultos, porque son los únicos que no tienen poder para nada. Ni para decidir por ellos o pedir por sus necesidades. Esa dominación, donde insistentemente identifica a la industria del entretenimiento como herramienta de disciplinamiento, domestica a quienes representan el origen del hombre, lo nuevo como sociedad. El principio, dejar de pensar el los fines.

-¿Por qué propone volver la atención sobre la infancia?
-La filosofía y la cultura moderna han descuidado la idea del origen. Han puesto mucho más énfasis en la idea del fin, de la muerte como la más fuerte y definitiva de la cultura y la historia de la humanidad. Ha habido un inevitable descuido de la idea del inicio, del origen y de lo que significa. La infancia representa la posibilidad del inicio y el origen de la vida.
-¿Recuperar la atención sobre la infancia para devolver énfasis en el comienzo de algo nuevo?

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Infancia significa literalmente que no habla. Desde el punto de vista filosófico es estar fuera del lenguaje, es pensar el mundo de la experiencia. La experiencia es lo que no está dicho todavía. La libertad esencialmente remite a lo que no está contado. En ese sentido, la infancia significa la posibilidad del retorno de la experiencia y retomar la sustancia en la libertad de los humanos.
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¿Pensar en la infancia es pensar que tenemos la libertad de empezar de nuevo para cambiar las cosas?
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Estoy hablando de otro comienzo. Si no hubiese otro comienzo querría decir que el chico en vez de comenzar, sería comenzado por otros, como habitualmente ocurre. La infancia debe ser lo discontinuo. Como es en este inicio donde está la generación de la vida y la posibilidad de libertad, la infancia representa la posibilidad de autonomía.
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¿Qué significa que los chicos no comienzan, sino que son comenzados? ¿Es que la infancia no nace libre?
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La escuela, la familia y los mecanismos de la cultura siempre fueron pensados como los mecanismos disciplinarios. El tutor es una metáfora fuerte de cómo pensamos a la infancia: el árbol se puede caer y tiene que tener un tutor, un palo más fuerte y hay que ir atándolo a él para sostenerlo y corregirlo. También pensamos los niños como las hojas de un árbol, unidas a las ramas, al tronco y todo sostenido por la raíz, que es un origen. Lo que predomina es la idea de la transmisión. La infancia tiene como misión fundamental tomar el pasado, asumirlo como presente y transportarlo hacia delante.
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No son libres porque los pensamos como plastilina para moldear.
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La posibilidad de replantear y liberarse de la negatividad del mundo está en plantear un proceso discontinuo. La potencia generativa de la infancia tiene que tener capacidad emancipatoria, una capacidad transformadora. En la infancia está lo incontaminado en términos absolutos. Representa esa discontinuidad que es el quiebre con la teoría de la transmisión y por lo tanto la autonomía. No es una autonomía pensada psicoanalíticamente. No digo que el niño puede hacer todo lo que se le da la gana. Se trata de una autonomía que reconozca la autoridad: no un niño como un yo absoluto sino un niño como alguien distinto, oprimido y que está sufriendo.
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¿Puede darme más ejemplos de la idea de discontinuidad como forma de libertad para la infancia?
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Esta idea la puede tomar del parto: es un proceso de alta discontinuidad donde hay un cordón que se corta. Ese quiebre debe ser leído de una manera distinta: no como el niño de mi propiedad. Usamos un posesivo infinito: mi hijo, mi alumno. Pensamos al niño como patrimonio. Lo vemos como la inocencia, el amor, algo que tiene que ser cuidado, protegido. Ahí está implícita una teoría de dominación y una cultura adulto céntrica que es la que crea los problemas y no la que los resuelve. Pero los niños están afuera de ese orden, son el mundo de lo no adulto, los que pueden transportar la posibilidad de la liberación.
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¿Cómo se manifiesta en las políticas esta ideología de la compasión? - Pensamos al niño como pobre, desnutrido, desprotegido, africanizado. Decimos que hay que protegerlo, ayudarlo. Esa visión se revierte cuando el niño se sale del molde y entra en conflicto con la ley. La respuesta son las instituciones del encierro, la baja de la edad de imputabilidad. Los medios representan las dos caras del niño: aparece el niño victimizado como la niña violada o el niño golpeado; y del otro lado aparecen las estadísticas del horror, de la participación de niños y jóvenes en delitos, de que cada vez son más chicos.
-¿Presentar a los niños como inocentes o desviados es la que justifica la ideología del control?

-Por eso hay que correr el eje de la discusión hacia la capacidad generativa para plantear cosas nuevas que tienen las vidas desde el inicio. Hay que preguntarse por qué hay niños que entran en conflicto con la ley. ¿Quiénes son los responsables? No viene en los códigos genéticos, sino un adulto le enseñó la ley, qué era bueno y qué era malo. La verdad es que hoy día la mayoría de los niños y adolescentes son buenos pibes. Se ha instalado una imagen de los niños con el paco, los niños de la calle, los niños molestos, pero aun con la insuficiencia que tenemos en la escuela, en la salud, la mayoría de los pibes son buenos. Mire, si se han aguantado la escuela, se han levantado en las peores condiciones de vida, han soportado la industria del entretenimiento y la televisión. Los pibes se aguantan todo. La culpabilidad de los niños son fallas de los adultos.

-Existe una relación entre derechos vulnerados y causas de la violencia. ¿Se puede pensar en respetar la Convención de los Derechos del Niño como una forma de prevenir la violencia?

-Las personas que estábamos involucrados en la redacción de la Convención creímos que había llegado la era de los derechos y que había que poner a la infancia necesitada como sujeto de derecho como una forma de ayudar. La infancia necesitada era el objeto de tratamiento de los programas disciplinarios o de la compasión. De ahí, gran parte surge la idea de la convención desde el punto de vista de la restauración de la subjetividad de los niños.

-Es decir que como sujeto de derecho el niño iba a tener otro tipo de trato, respetándole sus derechos a educación, salud, alimentación, identidad…

-Bueno, lo que pasó es que la Convención es un instrumento muy debilitado porque los derechos que ahí surgen son los derechos individuales, donde el niño queda segregado al cumplimiento. En realidad, los derechos de los niños son los derechos de los padres. Los niños tienen una autonomía relativa en el contexto de la familia. Esto no quiere decir que al plantear una infancia distinta estoy contra la familia, sí contra algunas formas de construcción de la familia. Pero la familia donde el chico tiene la posibilidad de desarrollo de su autonomía es valiosa.

-La ley y la trampa...

-El orden jurídico tiene una fragilidad constitutiva que deviene del hecho que el soberano siempre se coloca por fuera. Ahí surgen las teorías del estado de excepción, donde todo parece que está en la ley y no está. Todo puede ser parte de la ley, pero al borde uno puede ser dejado en manos de la policía. En el caso de la infancia esto es más que evidente porque la infancia no tiene capacidad de auto expresarse y auto defenderse. El niño entra en el poder discrecional de los adultos, ya sean jueces, sacerdotes, o una señora que dirige una ONG.
La verdad es que estos derechos, esta forma de expresión de los derechos individuales que tienen un origen liberal y pensados como derechos negativos, no son un instrumento adecuado a no ser que sean puestos en el contexto de una lucha política. Creo que esta visión de los derechos, un sujeto de derechos, es muy ingenuo que el derecho pueda ser demandado en el caso de los chicos. Va a ser demandado en el caso individual, pero no en la infancia como categoría social. Es más un problema de lucha política y que son generalmente conquistados como reivindicación y lucha y no porque se otorguen.
- ¿Los niños deben reinvindicar sus derechos para que sean efectivos?
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No los adultos. Las luchas políticas tienen que devenir fundamentalmente por la infancia. Por eso digo que la infancia se define en relación con el mundo de los adultos. La infancia tiene una debilidad de no ser representada, tiene que tener alguien que la represente.
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¿Y quién se hace cargo?
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El ámbito para esa lucha es el Estado, porque el Estado puede asumir determinados intereses que son individuales. Pero el espacio en si mismo es un espacio de lucha. Por esta razón la infancia no puede quedar en manos de la familia privatizada en las ONG. La infancia como categoría social es una responsabilidad pública del Estado. El ámbito del Estado es el ámbito donde esas luchas deben ser realizadas y donde los derechos deben ser garantizados y no en la Justicia. La Justicia tiene una posibilidad muy soberbia respecto a la infancia.
-¿Cómo empezar a recrear la infancia desde el Estado?

-Por ejemplo, hay que discutir la escuela pública. No necesitamos una escuela donde la exclusión sea una exclusión de relación de trabajo, como si la escuela fuera motivo de relaciones de laborales. Lo que está explícito en la escuela es extremadamente fuerte como para quedar supeditado a una discusión sobre el salario básico de los maestros, las vacaciones, la antigüedad. Esto es insustancial frente a otros problemas. No quiero decir que esas demandas sean justas, pero en más de 50 días de huelga en Santa Cruz el ajuste cae sobre los niños. Y por otro lado, esta misma gente hace la Marcha Federal de CETERA, llevan a los niños a la Plaza de Mayo… Cinismo.

-Pero la infancia debe ser vocera de sus demandas…

-Yo no creo en los simulacros, esta cosa de llevar a los niños al Parlamento y ponerlos ahí a hablar.

-¿Y en la discusión de políticas sociales?

-Yo creo que los niños se van desarrollando en etapas. Hay momento en que tienen estatus consultivo y hay etapas en que tiene más capacidades para participar. Hay el desarrollo de una subjetividad, Mientras esta subjetividad no está capturada por los medios de comunicación el chico se desarrolle en autonomía.

-Volviendo al principio, lograr una infancia autónoma y libre es la opción para una nueva sociedad.

-Si uno se propone superar la negatividad del mundo y ponerse a pensar en construir una sociedad nueva, entonces la opción está en la infancia. La infancia es el único agente social que puede transportar la idea de cambio. Recrear la infancia es nuestra única posibilidad de cambio. Es el único sector que no tiene ninguna clase de poder. El niño no tiene idea del chantaje, de la negociación, de fuerza en la relación social… Está en pura disponibilidad para desarrollar sus potencialidades. Son el inicio de un cambio conceptual y camino para iniciar una discusión nueva.


El hombre y el texto
Eduardo Bustelo fue director de UNICEF (el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia), investigó, publicó y participó en la redacción de la Convención de los Derechos del Niño, y en otros documentos internacionales que por fin le dieron a los pibes la condición de personas (“sujetos de derecho”). Fue subsecretario de Desarrollo Social de la Nación. Ha sido consultor de organismos internacionales como CEPAL y PNUD, y de varios gobiernos en América Latina en los procesos de diseño, reforma y modernización de los sectores sociales y en programas relacionados con la protección de niños, niñas y adolescentes.
En lo académico ha sido profesor en universidades argentinas y extranjeras.
Es autor de más de artículos y varios libros, entre ellos: “Política vs. Técnica no Planejamiento” (1982), “Social Impact Assemment and Monitoring” (1988), “Todos entran, una propuesta para sociedades incluyentes” (1998), y “De otra manera” (2000). “El recreo de la Infancia. Argumentos para otro comienzo” (2007), fue publicado por Siglo XXI Editores.