viernes, 17 de agosto de 2007

Perú es Lima

Publicada en Diario Los Andes, 17 de agosto de 2007

El Perú es Lima y el resto. Lima manda y el resto sobrevive en la pobreza, desparramado sobre una geografía de selva, sierra y costa. El Perú es inequidades, por eso no sorprende que la carretera que sale de Lima hacia el sur solo llegue impecable hasta Asia, el balneario de la minoría rica y blanca. Más allá están los de más allá. Son las víctimas de la violencia, son los negros de Chincha, son los cholos bastardeados por ser descendientes del Inca y son los cientos de muertos en Ica y Pisco.

El miércoles por la tarde llegó a Lima un remezón desde ese sur ignorado, difuso, sospechoso. Es que a medida que uno se sumerge en el otro Perú, la carretera se vuelve camino bacheado, la piel de la gente se oscurece, las ciudades desnudan la miseria y rige el caos urbanístico en los pueblos de la costa. Se ven las mototaxi, los senderos imposibles, los carteles ofreciendo ginecólogos al paso, agentes del orden pidiendo propina y la evidencia absoluta que el Estado allí nunca logró ser. Allí se encarnizó el terremoto.

La ciudad de Pisco es un obstáculo obligado entre Lima y Nazca. En Nazca están las líneas famosas que muchos limeños prefieren conocer por fotos. Pisco tuvo gloria épica cuando San Martín eligió el puerto de Paracas para empezar la guerra contra los españoles, tuvo gloria económica con la exportación de guano y algodón recogido por esclavos africanos, y gloria gourmet con vinos y licores. Pero Pisco desapareció. En YouTube se puede escuchar al alcalde desesperado hablando del 70% de las casas caídas mientras busca a su hermana perdida, quizá entre los escombros.

Yo viví en el Perú y conocí Pisco. Fui cuando no era recomendable para los funcionarios internacionales salir de Lima. Escuché a pitucos de Lima protestar por la ignorancia de los pueblerinos que no sabían reconocer un BMW. Ahí estaban las callecitas endemoniadas, y las fachadas de casas acopiadas unas sobre otras sin otro aparente criterio que el capricho o la billetera. Mucho ladrillo hueco y pocas columnas.

Anoche empezaron a aparecer en el Chat amigos peruanos. Gabriel Prado es uno de los máximos especialistas en seguridad ciudadana, pero además es nacido en el Perú profundo, víctima del terrorismo de Sendero Luminoso y tiene abuelos en Ica golpeados por las paredes de la casa que se les cayó. Gabriel me contó que existen códigos de construcción antisísmica, que la casa familiar era de materiales nobles, pero que en general nadie hace caso. Que la prevención contra terremotos es ridiculizada y que el Estado no tiene ojos más allá de Lima para darle seguridad a la gente. Porque la seguridad es más que rejas y pistolas, descubrieron muchos.

Un terremoto tan violento acaba con todo, siempre. Pero en esos lugares donde no hay reglas claras, hasta la reconstrucción es injusta. Los alcaldes impotentes recomiendan enterrar los cuerpos dónde sea, antes que vuelvan las epidemias y el cólera. Unos 600 presos escaparon “por dignidad” de una cárcel que se derrumbó, según interpretó la Ministra de Justicia. Lima está recibiendo toneladas de ayuda humanitaria de países alertados por las noticias. Se duerme donde se puede y se cuida lo que todavía queda. Lo que es peor, inexorablemente dentro de una semana Pisco ya no será noticia. La ayuda se necesita ya.