domingo, 18 de febrero de 2001

Entrevista: Plan Canje, armas X comida

Por Rodolfo Braceli, Revista Nueva, 18 de febrero de 2001

La pregunta no es nueva, tiene la edad de los humanos: ¿qué hay que hacer para ganarle a la muerte; a la muerte provocada, a la muerte contra natura? En Mendoza se está haciendo algo
diferente para afrontar esa pregunta, y con una respuesta tan audaz como imaginativa. Vale la pena (o la alegría) averiguar de qué se trata.

La noticia fue ésta: el Gobierno provincial puso en marcha el “Plan Canje de Armas por Mejores Condiciones de Vida”. Plan sencillo: quien entregaba un arma de fuego para su destrucción recibía tickets para comprar alimentos. Pero antes se realizó en una docena de escuelas la experiencia con los niños: quienes entregaban su juguete bélico recibían libros, plantines, o retoños de árboles. La noticia suena a ciencia ficción, parece mentira. Entonces, ver para creer. Empezamos a tejer esta crónica y se nos cruza un interrogante a propósito del “parece mentira”: ¿por qué sólo han de ser ciertas las malas noticias, las horribles, las espantosas, las que tienen que ver con la destrucción y la muerte?
Antes de conversar con el principal ideólogo y con uno de los coordinadores de este plan le ponemos oído a la vereda. Enseguida advertimos que no hay diferencia con otras ciudades argentinas: el tema recurrente, obsesivo, en todos los niveles sociales, ya no es la seguridad sino directamente la inseguridad. Una encuesta de victimización realizada por la Dirección Nacional de Política Criminal de la Nación, señala que entre las provincias grandes del país, Mendoza es la menos insegura. “En Buenos Aires 15 de cada 100 habitantes
han sido víctimas de un delito. En Mendoza esa proporción baja a 6 cada 100 habitantes”. Estas cifras no parecen, sin embargo, traducirse en el ánimo de la opinión pública. Sea donde sea, se sabe que las cifras oficiales son relativas porque la mitad de los damnificados ni siquiera hace la denuncia.
 Tal vez el dato más revelador sobre el ánimo de los habitantes de Mendoza se encuentre frente a la pena de muerte. Un estudio realizado hace un año para la revista El Sol por Rico Toro, Bollati y Asociados dio un 64,3 a favor de la pena de muerte y apenas un 35 en contra. Estos porcentajes vuelven aún más sorprendente y hasta paradojal el éxito que tuvo el primer operativo del Plan Canje de Armas entre los grandes y los chicos. En realidad –ya lo veremos– los chicos, no adulterados por la adultez, se mostraron sabios y arrastraron
con el ejemplo a los mayores.
Gabriel Conte es subsecretario de Relaciones con la Comunidad del Ministerio de Justicia y Seguridad de Mendoza. Tiene 30 años; a los 22 fue elegido concejal por la UCR, en el departamento de Guaymallén. Es autor de varios libros, poeta y narrador.
De entrada advierte un par de cosas que le dan confiabilidad a sus palabras: “Este Plan Canje no es totalmente un invento mendocino. En zonas de Panamá, Albania, Camboya, Estados Unidos, por ejemplo, se implementó
algo semejante. Tampoco es una iniciativa empujada exclusivamente por el gobierno de la Alianza. En esto trabajamos codo a codo con legisladores de los otros dos partidos importantes de Mendoza, el Justicialista y el Demócrata”.
—Canje de armas, ¿por qué en Mendoza?
—En Mendoza y en la Argentina en general tener armas en casa fue durante años algo habitual. El único trámite era comprarlas. No importaba si eran para cazar, para divertirse, para sentirse seguros o para matar. Se olvidó que todas las armas pueden matar. Desde siempre el Estado consideró el tema comoalgo menor; la falta de legislación complicó las cosas. El RENAR (Registro Nacional de Armas) intentó reempadronar esas armas. No tuvo éxito. En Mendoza hay unas ochenta mil armas registradas y se calcula que son más de quince mil las que hay fuera de la ley. A las armas es muy fácil acceder, y difícil controlarlas. Son un peligro latente para sus propietarios. Hay demasiadas víctimas. Balas perdidas, y encontradas
—¿A qué víctimas se refiere?
—A las ocasionadas por esa cantidad de armas aparentemente usadas para la autodefensa. Ejemplos del año pasado: el 3 de abril a Scarlett Muñoz le pegan un balazo sin querer. Estaba atendiendo un carrito panchero en Godoy Cruz cuando una bala perdida le impactó a la altura de la clavícula. Cerca de allí, dos bandas de adolescentes se estaban tiroteando. El 12 de septiembre una bala le perforó el ojo izquierdo a Diego Matías López (de 16 meses) y salió por la parte trasera de la cabeza. El nene estaba de visita en la casa de un pariente, encontró el arma sobre una cama y tocó el gatillo. A Francisco Gabriel Agostino lo mató un balazo el 19 de marzo, en su propia casa, y aparentemente disparado por su hijo. Dudan si fue un accidente o una pelea. El
13 de septiembre una bala perdida le perforó el brazo izquierdo, pasó por el tórax y le hirió el pulmón y el corazón a Marisol Rosales. Marisol estaba en su casa del barrio Santa Rita II de la ciudad de Mendoza. Marisol murió. Tenía 12 años. Casos como éstos hay por decenas. Toda arma en una casa significa una posible muerte, una tragedia latente.
—La de Mendoza, ¿es una experiencia aislada?
—No. La iniciativa de Mendoza ha sido tomada como programa piloto nacional. Tiene el explícito respaldo del Gobierno de la Nación y de gobiernos de otras provincias, el de Córdoba por ejemplo. Además tiene asesoramiento y observación del Monterrey Institute of International Studies y del Centro Internacional para la Conversión, de Bonn.
Ahora se suma al diálogo Martín Appiolaza, coordinador general del Plan Canje.
—Hasta su implementación, ¿cómo evolucionó este proyecto?
—En febrero del año pasado en una reunión de la Legislatura provincial se planteó la posibilidad de canjear armas por alimentos. Causó risa. El tema apuntaba a la prevención. Nos sobrepusimos a las risas. Seguimos
desarrollando el proyecto hasta que el gobernador Roberto Iglesias lo presentó en el Consejo de Seguridad Interior. Los primeros en apoyarlo fueron los gobernadores De la Sota y Reutemann, que están interesados en
aplicarlo. La discusión fue brava: si servía o no para desarmar a losdelincuentes. Nosotros planteamos algo más profundo: un cambio cultural. Y cuando decimos “nosotros” no hablamos sólo del gobierno de la Alianza.
—Es curioso ver cómo ustedes subrayan que esto no se debe a un solo partido político.
—Es que esto es fundamental. La seguridad es un tema de Estado. El gobierno del justicialista Arturo Lafalla inició la reforma policial. En 24 horas, Lafalla, Roberto Iglesias y Carlos Balter, los candidatos que estaban diputando la gobernación cabeza a cabeza, acordaron sacar unos 200 policías corruptos. Ese cambio no fue nada fácil; se hizo con la suma de entidades vecinales y universidades. Un hecho histórico. Se empezó a trabajar para reemplazar una policía durísima por una policía racional y a la altura de los nuevos tiempos.
Se creó el Instituto Universitario de Seguridad Pública. Se agregó un nivel terciario, con cinco materias de Derecho. Para ascender en la Policía ahora hace falta escalonar una carrera universitaria.
—¿Esta reforma consiguió continuidad?
—Durante 25 años los índices delictivos no pararon de subir. La única salida fue la represiva. Ahora vamos a las causas de los delitos. Ya no se trata de meterle balas a los delincuentes. Además, las balas van mitad a los
delincuentes y mitad a cualquiera. El operativo de desarme es posible hacerlo a partir de un fuerte hecho simbólico en donde aparecen tres partidos juntos.

Un visionario de cuatro años
El punto más novedoso del Plan Canje de Armas lo constituye la participación de los niños. Cuesta imaginar que un chico se desprenda de su entrañable juguete bélico.
—¿Cómo surgió la idea?
—La idea me la dio mi hijo Lautaro, de 4 años –explica Appiolaza–. Yo había dejado mi trabajo de periodista en el diario Los Andes para trabajar como coordinador del Plan. Me oyó comentar que íbamos a tratar de destruir las armas, porque las armas matan. Me preguntó: “¿Y mi arma sirve para matar?” Yo le dije: “También. Aunque sea jugando”. Ante eso no dudó: “Entonces yo también quiero romper mi ametralladora”. Inmediatamente desarrollamos la idea. Que los chicos entregaran sus juguetes “de matar” a cambio de elementos generadores de vida: plantines, libros, arbolitos.
—¿Cómo fue recibida la idea?
—Tuvo una adhesión inmediata. Los mayores se contagiaron de los chicos. En la primera experiencia participaron seis mil chicos, de doce escuelas, en nueve departamentos. Entregaron más de seis mil juguetes bélicos.En San Rafael, en carritos de supermercados, los chicos llevaban sus juguetes. Las nenas también participaron; llevaban toda clase de muñequitos japoneses o le pedían algo al hermano. No querían quedarse afuera. En la escuela Cano, de Guaymallén, en la que estudió Quino, el creador de Mafalda, montaron una obra de teatro, organizaron un concierto con un coro impresionante. En las horas de recreo, los chicos pintaron un mural gigantesco en el que estamparon sus manos con témpera. La idea era: “Tenemos las manos limpias”. Limpias de armas. Fue emocionante. Entre los espectadores conmovidos estaba Neal Pearson, un observador de la Universidad de Texas. Además, el día del canje alguien tuvo la mala idea de aludir a Boca y a River. Se armó una discusión entre los chicos. El director de la escuela aprovechó para hablar de la convivencia, del respeto por el otro. Hizo identificar a los chicos de Boca y de River y les pidió que se abrazaran. Es increíble: rompiendo todos los códigos, se abrazaron.
Había que ver cómo los chicos se amontonaban después para conseguir los plantines, o los arbolitos en barbecho. En General Alvear los alumnos de una escuela hicieron algo extraordinario: en un gran baldío plantaron lo que será un bosque con los retoños que recibieron en el canje. Hubo chicos de escuelas
que no participaron que se quejaron a sus directoras por no haber podido hacerlo aún. El Plan Canje de juguetes bélicos tiene larga vida.
En un penal de la provincia funciona una guardería que alberga a hijos de presas internadas allí y a hijos de policías. Los chicos también participaron del canje de juguetes bélicos. Una interna hizo pública después una carta, “conmovida por el aprendizaje que los niños tienen para un futuro distinto”.
—¿El hecho de destruir los juguetes no encierra también un acto de violencia?
—Sin duda –dice Conde–. Para no caer en esa contradicción de superar la violencia con un hecho violento, hablamos con psicopedagogos. Se resolvió que los juguetes entregados debían volver a los chicos transformados en otra cosa, además del regalo del libro o la plantita. En Luján de Cuyo las armas se canjearon por barriletes. En San Rafael se hicieron mosaicos con el plástico fundido de las armas. También hubo suelta de globos con mensajes de los chicos contra la violencia. Así, no sólo se eliminó el símbolo bélico de la muerte, sino que se lo transformó en algo relacionado con la vida: maceta, árbol, bosque. Todo muy librado a la creatividad, a la imaginación.
—En el mayo de París se decía “la imaginación al poder”; en este caso parece ser: la imaginación de los niños al poder.
—Han participado más de 6.000 niños. Fue tan contagiante que este año el operativo se repetirá no en una decena, sino en cientos de escuelas.
—Vayamos al Plan Canje para adultos. ¿Qué argumento utilizaron los sectores que se oponían a él?
—El argumento de los dinosaurios fue que el desarme dejaba más desamparada a la sociedad y les allanaba el camino a los chorros y delincuentes. Insistimos en que es necesario un cambio cultural y en que las estadísticas indican que las armas dispersas no solucionan nada. Al contrario, ponen en peligro a sus propietarios. Un tenaz opositor del Plan fue el legislador del Partido Demócrata Alberto Aguinaga. Pero sucedió que dentro del propio Partido Demócrata estaba a favor del Plan Juan Carlos Aguinaga, su hermano.
—¿Cómo y cuándo se implementó el Plan Canje de Armas?
—Un mes después del de los chicos, entre el 23 y 27 de diciembre del año pasado. Las armas se cambiaban por los Vale Más por el equivalente de cien pesos. Estos vales los emite el Gobierno y sirven para comprar solamente en los comercios de barrios y almacenes que están asfixiados por los hipermercados. En otros casos las armas se canjeaban por pases para partidos de fútbol. El ministro de Justicia y Seguridad, doctor Leopoldo Orquín, entregó su propia arma (un revólver calibre 22 largo NQV 52629, marca Taurus) a cambio de entradas para ver a su equipo, Atlético Argentino.
—Cuesta creer que con un 65 por ciento de habitantes a favor de la pena de muerte, se responda a un Plan de Canje de Armas.
—Lo que pasa es que la situación económica que viene de arrastre destruye los lazos sociales, aísla. Ante el miedo cada uno hace la suya, trata de salvarse. La solución más frecuente es un “yo me salvo solo; al que entre a mi casa lo mato”. Nosotros proponemos la solución colectiva. Por ejemplo, a los barrios que se reúnen para entregar armas en conjunto les facilitamos alarmas comunitarias, interconectadas con todas las casas. Si suena, todos los vecinos de la cuadra entran en acción; se dan una mano sin necesidad de armar una
guerra. Esa solidaridad es mucho más efectiva que el arma. Estos barrios han mejorado la seguridad notablemente.
—La drástica reforma policial de estos dos años, ¿modificó los índices delictivos?
—Por primera vez en veinte años ese índice se desaceleró. Entre el 97 y el 98 el índice de delitos aumentó el 20 por ciento. Del 98 al 99 aumentó un 10 por ciento. Y del 99 al 2000 un 1,2. Falta todavía para que baje año a año. Pero lo conseguido no es poco. Nuestra propuesta es cambiar un gatillo por un
pulsador de timbre.
—¿Dónde y cómo se implementó el primer Plan Canje?
—En el Gran Mendoza y en departamentos de la zona Este. Se hizo de dos maneras: llamando a un 0800 y recolectando a domicilio o trayendo las armas a uniones vecinales, ministerios o a la Liga Mendocina de Fútbol.
—¿Qué cantidad de armas pensaban recolectar originalmente?
—No más de un centenar. En realidad, observadores de Alemania nos dijeron que en esta primera etapa podríamos llegar a juntar unas 30 armas. Recibimos más de 300, diez veces más. Y tuvimos que suspender porque se nos acabó el cupo de Vale Más. Ahora vamos a seguir.

Madres desarmando

Detrás de cada arma hay una historia:
Un hombre tiene un arma, llama al 0800. Explica: “No tengo qué comer. Quiero entregar mi arma a cambio de los vales de comida”. Los coordinadores van a buscarlo. Zona difícil: el vehículo oficial se hunde en una laguna. Finalmente lo encuentran. El hombre vive primitivamente en una enramada. Con él vienen tres personas más con sus armas envueltas en papel de diario. El hombre recibe los cien pesos, se abraza a su mujer y le dice: “Vieja, tenemos comida, pero para todo el año”. Cuenta un poco de su historia: sus padres eran contratistas, pero después la familia pasó de esa posición a la marginalidad. En Las Heras una mujer de unos 40 años se presenta a entregar su arma.
Cuando se le van a dar los tickets, dice: “No, yo no quiero nada. Me basta con que alejen de mí ese revólver. Llévenselo, ¡por favor!”. Esa mujer, la semana anterior, había intentado matar a sus hijos y suicidarse.
Otra mujer llama con voz de urgencia. Pide a los coordinadores que vayan a su domicilio a las once en punto. A esa hora no está su marido y su hijo adolescente duerme. “Mi hijo anda con malas juntas.” Pide que se lleven el revólver que el joven ha empezado a frecuentar, iniciado en el delito menudo.
Otra mujer entrega las armas que hay escondidas debajo de una maceta. Son de sus jóvenes sobrinos. En los dos últimos casos el desarme se produce por iniciativa de familiares de jóvenes precoces en el delito.
Susana D. es docente y está casada desde hace seis años con Antonio R., comerciante. No tienen hijos. Cuenta ella: “Nuestro matrimonio se volvió muy conflictivo hará unos dos años. Yo intenté, en tres oportunidades, concretar la separación porque la relación se tornó insoportable. En las dos primeras ocasiones mi marido me señaló el revólver que guardaba en el placard, amenazando con su suicidio si me iba. Ante eso me quedé en casa. Hace seis meses reiteré mi propósito de separación. Al ver que me iba él sacó el revólver y esta vez me amenazó a mí. Hizo un disparo que dio en el piso, a unos dos metros de donde yo estaba. Salí corriendo. A principios de diciembre pasado Antonio me vino a ver, me propuso que reencauzáramos lo nuestro y me juró que entregaría su revólver en el Plan Canje. Fuimos juntos a eso y hemos reanudado nuestra relación. Veremos si nos arreglamos. Por lo menos ahora somos dos, no hay más triángulo: ya no está el revólver en casa".
—¿La adhesión al Plan Canje se debe a las urgencias económicas?
—No –responde Conte–. Hay gente pobre, pero también muchos de clase media, y también de las clases más acomodadas. Se entregaron gran cantidad de armas de colección. Un caso sucedió en un barrio muy bravo de Las Heras, donde los tiros son cosa cotidiana. Los vecinos salen armados a matar a los delincuentes, que también son del barrio. Se había planteado una especie de guerra creciente entre unos y otros. Este hombre, Carlos Blazek, entregó públicamente su escopeta y todas las municiones. Se arriesgó. Quiere que sus vecinos hagan lo mismo a corto plazo.
Cada arma, una historia. En el Barrio San Martín hay un muerto por bala cada dos días. Hay bandos en pugna. Las comisiones vecinales hasta no hace mucho clamaban por más mano dura. Ahora piden otra cosa: trabajo,
espacios verdes y bregan para lograr un desarme voluntario y simultáneo de las bandas.
Según los organizadores, “el balance final del primer operativo deja esas 300 armas (todas aptas para ser usadas) y 1.712 proyectiles. Cada proyectil podía tener el precio de una vida. No importa la edad ni la condición social: una vida.
El próximo operativo se realizará en Valle de Uco y en la zona sur de la provincia. Lo importante de lo conseguido trasciende la cantidad y se valoriza en el hecho de ser absolutamente transversal: desde aquel hombre que vive en una enramada, a señoras adineradas que entregan armas de colección, heredadas. En estos momentos trabajan pacientemente los mediadores sociales de varios municipios para conseguir el desarme voluntario y simultáneo de bandas de jóvenes acostumbradas a la violencia”.

El asco o el arte
La pregunta se cae de madura: ¿y a dónde irán a parar las armas y proyectiles recolectados?
El primer paso fue público. Cada arma fue aplastada e inutilizada por una prensa. En el arsenal de la Policía provincial están los tanques en donde se almacenan estas armas. Las observamos. Aun desfiguradas tienen algo desasosegante. Uno las alza con la mano y siente algo parecido al asco. Cada una de esas armas ahora desfiguradas fue hecha para matar. Para quitar la vida.
¿Y ahora qué hacer con estas armas deformes? Otra vez se recurrió a la imaginación. Se decidió entregarlas a la Facultad de Arte de la Universidad Nacional de Cuyo. Su vicedecana, la escultora Eliana Molinelli, propone que tanta desfiguración mute en obra de arte.
“Se trata –dice– de convertir la muerte y el asco en memoria y arte. Podríamos hacer un gran monumento con la participación de los alumnos. Y también, convocar a artistas de todo el país y de otros sitios del mundo a que vengan a realizar alguna obra a partir de estas armas aplastadas. Mendoza podría convertirse en la provincia del desarme, ¿por qué no? Por ahora estos materiales aparecen desfigurados, pero muy cargados de significado. Son como el pus de un grano, que emerge. Por eso uno agarra estos fierros con la punta de los dedos. Está en nosotros transformar eso en aprendizaje, en arte.”
Estamos apurados. Muchas veces la urgencia nos distrae. Lo del desarme de chicos y grandes es mejor que una buena noticia. Pensemos por un momento lo que significa que un chico entregue su querido juguete bélico y que en cambio reciba, por ejemplo, un retoño de árbol para plantar. Ese chico está haciendo la mejor revolución. Lo mejor del caso es que un niño está contagiando a sus padres. Como esto sucede en Mendoza, tierra de vinos profundos, uno dice ¡salud!

Posdata
Este periodista tiene ahora, en la palma de la mano, un fragmento del gatillo de un revólver que tal vez mató o estuvo por matar. Más que pensar, siente. La solución de la muerte no es ninguna solución. Si a la muerte se le gana con la muerte, la muerte seguirá ganando.
Y entonces, aquí, ahora, en este mundo, ¿qué hacer? No queda otra: a la muerte hay que ganarle con la vida.

Cómo es el Plan Canje
  • A cada persona que devuelve un arma se le entrega un vale para consumo de productos alimenticios equivalente a 100 pesos.
  • La compra debe realizarse en pequeños almacenes que aceptan estos Vale Más, los que a su vez deben proveerse de productores mendocinos.
  • Inesperadamente, también participaron personas de clases acomodadas. Se recuperaron incluso armas de colección.
  • El plan canje permitió recuperar unas 300 armas y 1.712 proyectiles. Observadores alemanes habían estimado que –de acuerdo con la cantidad de habitantes– recuperar 30 armas hubiese sido todo un logro.
  • Las armas se destruyen. Un nuevo paso es que están siendo entregadas a la Facultad de Arte de la Universidad para reciclarlas como esculturas.
  • El proyecto se extendió a las armas de juguete. Los niños que las devolvieron (más de 6.000) recibieron libros, plantas u otros juguetes.
  • Los principales partidos (Alianza, justicialismo, demócrata) trabajan conjuntamente en la aplicación del sistema.
  • El proyecto empalma con reformas policiales y planes de seguridad vecinal que permitan reducir el índice de delincuencia.
  • En ciertos barrios, como el San Martín, hay un muerto por balas cada dos días. La idea es que el plan continúe en toda la provincia.
  • También Córdoba y Santa Fe estarían interesadas en implementarlo. Un Vietnam cada dos años Somos proclives a mirar lo que pasa en los Estados Unidos en materia de seguridad. Atendamos a algunos datos para ejemplificar las consecuencias de la tenencia de armas. En los Estados Unidos se fabrica un arma cada 60 segundos.
  • Hay más armerías que estaciones de servicio.
  • El 41% de los hogares estadounidenses tiene por lo menos un arma en su casa.
  • El 50% de los disparos accidentales con armas de fuego que afectan a menores sucede en la casa de la víctima y el 38%, en la casa de parientes y amigos. El ex presidente Bill Clinton informó que cada día mueren 13 menores por heridas de bala.
  • A este paso, las heridas y muertes por armas de fuego se convertirán en los Estados Unidos en la primera causa de muerte por accidente, dentro de un año.
  • Un arma en la casa triplica los riesgos de homicidio.
  • Un sondeo en Atlanta: sobre 198 robos sólo 3 personas pudieron usar sus armas en defensa propia.
  • En 1994 el FBI reportó más chicos menores de seis años muertos por disparos de armas de fuego que policías asesinados en cumplimiento del deber.
  • Los chicos estadounidenses tienen dos veces más chances de morir pordisparos de armas de fuego que la suma de chicos de otros 25 países industrializados.
  • En dos años muere por disparos accidentales la misma cantidad de estadounidenses que en la guerra de Vietnam. Es decir: cada dos años, un Vietnam.

Moraleja: decir que a las armas las carga el diablo significa delegar responsabilidades. Es una peligrosísima comodidad.

El Big Bang argentino
El Registro Nacional de Armas tiene contabilizadas 1.938.462 armas de fuego legales. Se calcula que hay, además, un millón sin declarar. En total, un arma cada diez personas, sin contar las de las fuerzas de seguridad.
En los grandes centros urbanos la estimación es que la mitad de los domicilios tiene armas destinadas a defensa, porcentaje que crece al 70% en zonas suburbanas.
La mitad de las armas registradas está en manos de personas que no han recibido ninguna instrucción, con lo que suelen convertirse en un peligro para sí mismos y aquellos que los rodean.
Cada cinco minutos una persona pide permiso para la tenencia de armas.
Muchos pasan a portarlas, aunque actualmente sólo 3.000 civiles tienen la correspondiente licencia de portación.