domingo, 14 de junio de 1998

La masacre de Ezeiza según sus protagonistas

Por Martín Appiolaza, Diario Los Andes, 14 de junio de 1998

En los momentos previos al regreso de Perón a la Argentina en 1973, después de 18 años de exilio, un grupo de dirigentes justicialistas vinculados con los sectores gremiales ortodoxos abrió fuego sobre una columna de militantes de la izquierda peronista. Fue en el marco de una disputa por el poder, que anticipó años de recrudecimiento de la violencia política. Por muchos, es considerado un momento de inflexión en la historia del país. Protagonistas mendocinos de aquella jornada cuentan su experiencia y analizan su valor histórico.

El sábado se cumplirán 25 años de un acontecimiento clave en la accidentada vida política de la Argentina, bautizado como la masacre de Ezeiza. El encuentro armado entre sectores del peronismo ortodoxo y de la militancia que impulsaba cambios de tipo revolucionarios, puede ser entendido también como una disputa por el poder. Aquel 20 de junio de 1973, quedaron de manifiesto las diferencias internas abismales que dividían a los seguidores de Juan perón. Fue el prolegómeno de años en que la exacerbación de la violencia política derivó en la radicalización de grupos armados guerrilleros, parapoliciales y paramilitares.
El incidente se produjo en un predio de Ezeiza, Buenos Aires, donde se había preparado un acto multitudinario. Era para recibir a Perón después de 18 años de exilio. El flamante presidente del país era Héctor Cámpora, un hombre de confianza de Perón, que se había comprometido a llamar a elecciones apenas dejara de estar proscripto su jefe político. Perón era el poder y el acto en que lo recibían, el momento para disputarse los favores del líder y definir la tendencia de su gobierno.

Las partes
En el seno del movimiento peronista convivían grupos antagónicos que sólo compartían cierto nacionalismo, pero diferían en otras cuestiones de fondo. Llamaban derecha a los sectores vinculados con la burocracia sindical y a las agrupaciones de estudiantes ultranacionalistas. En la izquierda se nucleaban los que reclamaban cambios revolucionarios en nombre de un “socialismo nacional”, encabezados por Montoneros, la Juventud Peronista, la Juventud Trabajadora Peronista y muchísimos otros grupos.
El sector más ortodoxo fue el que manejó la organización del acto de seguridad alrededor del escenario. Estaban provistos de armas largas y apostados en lugares estratégicos. Cerca de las 2 de la tarde, le comenzaron a disparar a una columna de sectores de izquierda. Hugo más de 10 muertos, docenas de heridos y torturados. Los tiroteos se prolongaron por varios minutos, en los que se disparaban entre sí los distintos sectores enfrentados ideológicamente y también, del mismo grupo.
A la hora de rememorar aquella jornada trágica, los testimonios son coincidentes: se vivía un clima de euforia, los disparos sorprendieron a todos, los mejor armados eran los encargados de la organización del acto. Respecto a qué se disputaba, las teorías son dispares.

La memoria
Para analizar aquel tiroteo que acentuó la violencia política que ya sufría el país, reunimos a cinco mendocinos que estuvieron en Ezeiza aquel 20 de junio. Pertenecieron a los distintos sectores en pugna. Tantos años después, mantienen la terminología militarista que dominaba los discursos de la época y también el respeto casi reverencial al referirse a Perón.
Raúl Alberto Bartolomé, que hoy tiene 49 años, era entonces un afiliado al Partido Justicialista y miembro de la Policía de Mendoza. Llegó junto a una columna de la Concentración Nacional Universitaria que “abrevaba en la ultraderecha”. Recuerda que rumbo a Ezeiza, en el micro que los transportaba gritaban “ERP, FAR, Montoneros somos nuestros compañeros”, grupos con los que tenían indisimulables diferencias. “Me parecía mentira estar coreando esa consigna, pero la alegría era superior a cualquier enfrentamiento. Se vivía una efervescencia social”.
Luis Ocaña (52), en cambio, era un militante sindical. Según cuenta, en esa época “estaban naciendo todas las corrientes gremiales que se desprendían de la burocracia sindical férrea. Digo férrea porque nos ponían bombas a los que no estábamos con ellos”. Ocaña, que después participó en el Ejército Revolucionario del Pueblo, reitera que “Ezeiza era una enorme fiesta, con alegría y esperanza, murgas por todos lados. Al mismo tiempo, se puso de manifiesto un ensanchamiento de las organizaciones armadas que iban uniformadas”.
Por su parte, Walter Salinas (64), era un miembro de la Juventud Peronista y pertenecía a Montoneros. “Nosotros queríamos mostrarle al Viejo (Perón) el poder de organización y movilización que tenía el nuevo peronismo, que era hijo de la resistencia. Nosotros no teníamos un planteo de enfrentamiento armado, sino que había directivas claras de permitirle fierros (armas) sólo a los autorizados”. Aquél día, Salinas llevaba una pistola calibre 32. “Pero en un enfrentamiento, las armas cortas no son ofensivas, sirven para defenderse. En cambio, estaban armados los grupos que se apoderaron de los 400 metros alrededor del palco, que eran del comando de Osinde con gente de Brito Lima y de la Concentración Nacional Universitaria, de la Alianza Libertadora Nacionalista y mercenarios argelinos”.
Guillermo Murúa (56), recordando como miembro de la ortodoxa Juventud Sindical, asegura que “tenía una relación generalizada con todos los compañeros, Ezeiza para mí era una hermosa fiesta, pero en minutos nos dejaron desparramada la esperanza”. Había participado en la Resistencia Peronista desde 1957, desde los conventillos de la calle Juan B. Justo, donde tenía una radio clandestina. Para Murúa, ese 20 de junio sufrieron un desgarramiento. “De repente nos encontramos en medio de una batahola infernal, gente herida, compañeros que auxiliaban a los heridos, sirenas. Nuestra gran pena fue que la ilusión culminara en un enfrentamiento entre hermanos”.
Guillermo Martínez Agüero (52), era en 1973 uno de los máximos dirigentes de Montoneros en Cuyo. “Pertenecía a la estructura orgánica y a la conducción. Nosotros queríamos participar de lo que era el mayor acontecimiento latinoamericano, de la coronación de 18 años de resistencia. La síntesis era la consigna Perón Vuelve. Generacionalmente lo íbamos a ver por primera vez. Muchos buscaban el encuentro con las conquistas sociales que había sido la época de la felicidad del pueblo de la década peronista y otros íbamos a seguir buscando las transformaciones sociales revolucionarias”.

- ¿Ese fue el eje del conflicto?
- (Martínez Agüero) El ataque vino de la derecha, que no quería el encuentro de Perón con los militantes que buscaban la liberación nacional. Ellos querían que Perón, ya grande, no llevara adelante las transformaciones históricas que venían del año ’45. La intención era frustrar un proyecto de liberación. Atacaron la movilización, nosotros fuimos defensivamente. Nosotros volvimos con frustración y tristeza por los muertos y el desencuentro.
- ¿No esperaban un enfrentamiento?
- (Martínez Agüero) Pensábamos que podía darse en una movilización, con lucha de consignas. No pensábamos que iban a atacar.
- ¿Cuál fue su experiencia, Bartolomé?
- (Bartolomé) Yo estaba en ese momento a 30 metros del palco. Cuando comenzó el tiroteo, quedé entre dos fuegos. Desde el palco le disparaban a la gente que estaba en los árboles y en la escuela hogar, pero eran todos del mismo grupo. Yo me vio obligado a desenfundar la pistola, una 11,25 con dos cargadores, cuando me quedé entre los dos fuegos. El peligro para mí era la gente de los árboles.
- ¿Quién creía que disparaban desde los árboles?
- (Bartolomé) En ese momento pensé que eran comunistas.
- ¿Usted era anticomunista?
- (Bartolomé) Sí, si, era anticomunista.
- ¿Consideraban que Montoneros eran comunistas?
- (Bartolomé) No sé si los veían como comunistas, sino como una oposición a la que había que limpiar… En el momento del tiroteo, yo utilizaba el zoom de la filmadora para ubicar a la gente que estaba en los árboles para dispararles. No me quedaba otra, era una cuestión de vida o muerte. Quiero que quede claro que Montoneros no fue el que abrió fuego.
- (Ocaña) Es fuerte lo que nos dice pero es mucho más fuerte lo que hicieron. La gente de los árboles de la cual habla, eran francotiradores que estaban apuntando a lugares bien precisos, a miles de personas que querían un país nuevo. La frialdad con que fue calculada una balacera en medio de un millón de personas, habla a las claras de las intenciones de este tipo de gente que sigue existiendo y matando la esperanza. Había una enorme ingenuidad, cualquiera fuera el arma que llevaras. Se pretendía mostrarle a Perón el poder y sentarlo en el sillón presidencial. La ignorancia dentro de vastos sectores del peronismo no era tanta, sino que estaba todo perfectamente orquestado y planificado. Si no estaba bien planificado no se hubiera repetido la represión con la Alianza Anticomunista Argentina y el Proceso de Reorganización Nacional.
- Horacio Verbitsky en el libro “Ezeiza” narra cómo Bartolomé fue detenido y torturado ¿Nos puede resumir la anécdota?
- (Bartolomé) Cuando subí al escenario para buscar municiones, el comandante Menta de Gendarmería me pidió el arma. Como estaba acostumbrado a una formación militar, se la entregué sin ningún inconveniente. Me llevaron al hotel de Ezeiza y me torturaron con Ciro Ahumada dirigiéndolos. Cuando fui a hacer la denuncia, me enteré de que los muertos fueron muchos más de los que se dice hoy.
- Ocaña, ¿dónde estuvo en el momento del tiroteo?
- (Ocaña) Estaba cerca del escenario, cuando repentinamente empezaron los tiros, los gritos. La gente corría por encima, no se sabía de dónde disparaban. Pero no sólo fue un enfrentamiento entre sectores del peronismo, sino que excedió al movimiento, porque el Partido Comunista estaba allí. Creo que no fue un problema de sectores enfrentados, sino que hubo un grupo bien preparado y armado, entrenado para producir lo que produjo.
- (Salinas) Yo sostengo que hubo una masacre. Cuando hay enfrentamiento chocan dos fuerzas iguales, pero en Ezeiza tiraban de un lado y recibían del otro. Ese día hubo dos tipos de lucha: la política y la militar. La política la había perdido el sector sindical porque la presencia de las líneas de militancia combativa había superado sus banderas. Entonces, desataron la represión militar.
- (Bartolomé) Hay que poner algo en claro: no cualquiera es capaz de movilizar, organizar y conducir a un millón de personas pacíficamente, como sucedió ese día. Quedaba en claro que antes de un poder de convocatoria había un poder de organización, que en determinados casos puede ser un problema. Así lo entendió la gente de Osinde y abrió fuego.
- Murúa, ¿cuál fue su experiencia?
- (Murúa) Cuando comenzó el tiroteo, hubo un desbande con gente que corría, que se arrastraba, otros que no se querían mover. Cuando vimos que había compañeros heridos por las balas, los desplazamos a espacios más seguros. Los que auxiliamos fuimos muchos, es que no todos disparaban o daban garrotazos.
- (Martínez Agüero) No hay que reducir el tema a anécdotas. Yo creo que la violencia es consecuencia de una problemática profunda. Había un problema de proyectos de poder. Había sectores que no querían que llegara al palco la columna sur que venía desde La Plata. La emboscaron. Nosotros, que estábamos con la conducción de montoneros, no disparamos un solo tiro, todo vino del sector provocador.
- ¿Qué pudo ver?
- (Martínez Agüero) Fue un ataque frontal con armas largas, con escopetas de calibre 12, Itakas o Batán, vinieron del grupo de la derecha y del sector conducido ideológicamente por López Rega y comandados por Osinde y Brito Lima.
- ¿Cómo creen que repercutió Ezeiza en el futuro político de la Argentina?
- (Martínez Agüero) Ezeiza generó un macartismo: comenzó la caza de brujas y la búsqueda de zurdos. Fue la antesala de la gran represión que se agudizó con el golpe de 1976.
- ¿Comenzó con Perón como presidente?
- (Martínez Agüero) No es que comience con Perón como responsable, sino que hubo una gran lucha por el poder por debajo del presidente.
- ¿Le quedan dudas respecto a la proximidad ideológica de Perón con los sectores más ortodoxos?
- (Martínez Agüero) Creo que Perón está en el centro de gravedad de su movimiento, donde había un sector transformador que quizá quería ir más rápido de lo que permitía la situación, y otro retardatario que estaba contra nosotros. Yo no quier conciliar, no me interesa, quiero decir lo que pienso y he vivido. Yo fui encarcelado en el año 1974, en pleno gobierno de Isabel Perón y Antonio Cafiero en Mendoza. Entonces, creo que ese 20 de junio anticipó la represión contra la movilización popular.
- (Bartolomé) Una pregunta Martínez Agüero: cuando Perón trató a los montoneros de imberbes y estúpidos en Plaza de Mayo, ¿no muestra una toma de posición?
- (Martínez Agüero) Lo dijo muy en caliente, pero lo más triste fue que ese primero de mayo estaba junto a López Rega.
- Era una antigua relación. ¿Qué les hacía pensar que se podía inclinar por Montoneros?
- (Martínez Agüero) Perón nos trató de “juventud maravillosa” y dijo en un momento que con 20 años menos hubiera puesto bombas con nosotros. También decía que la violencia de arriba generaba la violencia de abajo y justificó nuestra lucha.
- A 25 años, ¿no le parece ingenua aquella idea de hacer cambiar la postura histórica de Perón con una movilización masiva?
- (Martínez Agüero) Yo creo que la postura histórica de Perón era la tercera posición.
- (Bartolomé) Es evidente que la postura de Perón no era la de los montoneros, por más que se hayan sentado en la misma mesa y le hayan pateado los caniches.
- (Ocaña) Al tratar de ver quién es más o menos peronista tratando de sacralizar a Perón, se desvía la atención del tema central. En realidad fue parte de un proceso en el que se prendieron para reprimir peronistas y no peronistas, desmantelando al pueblo y ya no a organizaciones políticas. Perón tenía que jugar un rol que no juzgó ni discutió, pero creo que no hay que desvincular Ezeiza de la represión.
- ¿Hubo repercusiones en Mendoza?
- (Ocaña) Sólo por haber ido a Ezeiza te pegaban.
- (Murúa) Aquí fue terrible.
- (Martínez Agüero) Hubo un reflejo en escala. El lopezreguismo también estaba instalado aquí y los sectores de la derecha nos tildaban de zurdos y colaboraron para que desaparecieran nuestros compañeros. Mi mujer fue una militante que terminó en una quita de desaparición forzada de personas. Aquí fuimos señalados por los grupos de la derecha y muy bien implementada la represión por la Policía de Mendoza, la Policía Federal, el Ejército y la Aeronáutica. El levantamiento de personas lo hacían los grupos de seguridad orientados por la patota.
- ¿Cómo es hoy la convivencia dentro del gobierno y el justicialismo, entre aquellos dos sectores en pugna?
- (Martínez Agüero) El análisis no comienza por los hombres, sino que el principio de mayoría y las masas están por encima de los hombres. Por eso estoy en el peronismo, más allá que me tenga que aguantara un fulano que estuvo en tal o cual lugar. En esa época tan dura, era colaborador el que no se jugaba denunciando lo que veía. Perón decía que cuando el destino de la patria está en peligro, hay dos cosas imperdonables: estar en los dos lados o no estar en ninguno. Lo importante es la memoria: no se puede perdonar el Alzheimer en la política, la demencia senil.
- (Ocaña) Con Ezeiza comenzó la represión masiva y de las organizaciones. A cuatro años de Ezeiza pasaron a la clandestinidad los grupos. La cosa no era pegarle a cuatro personas que tiran tiros, sino a una organización popular muy importante que se podría haber transformado en otra cosa si el líder fuera otro.
- (Murúa) Mi experiencia la escribí con una canción. Dice que hay un tiempo que ha pasado, que ha dejado sus huellas en nuestras mentes. Fueron tiempos muy violentos, de resentimientos y persecuciones, compañeros en prisiones, llanto.