lunes, 11 de mayo de 2009

Las pandillas mendocinas reúnen a chicos de entre 13 y 25 años

No trabajan ni estudian y tienen problemas familiares. Carecen de expectativas para el futuro. Pueden matar.

Diario Los Andes, 11 de mayo de 2009

Cada tanto en las páginas policiales se puede leer un ajuste de cuentas entre bandas u otro tipo de delitos cometidos por pandillas. ¿Cómo operan? ¿Cómo se financian? ¿Quiénes las integran? ¿Qué características tienen?, son preguntas que todos nos hacemos.


Pandilleros. En Mendoza son grupos de jóvenes de entre 13 y 25 años, puede haber mayores también, que están generalmente con daño social -no trabajan, no estudian y tienen problemas familiares- y que establecen relaciones de apoyo. 

"Muchas veces entran también en conflicto con la ley, con el Estado y con otras partes de la comunidad", indica Martín Appiolaza, del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia (Ilsed), quien estuvo trabajando entre 2004 y 2008 con distintas bandas que operan en diferentes zonas de Mendoza, El Salvador, Colombia, Brasil y Perú, en el marco de un estudio realizado sobre Violencia en Argentina para Save the Children Suecia. 

Bandas o pandillas puede tener diferentes significados. La definición apta para Mendoza sería que son un grupo de jóvenes y niños de alta vulnerabilidad social y que establecen relaciones de apoyo, complementariedad y también conflictivas con el Estado y con otras partes de la comunidad. 

Por su parte, Arturo Piracés, quien estuvo 20 años como director del Cose, afirma que no están profesionalizadas las bandas en Mendoza porque no hay tanto contacto con la mafia adulta. 

Características. Luego de estudiar los movimientos de las bandas, Appiolaza, enumera algunas características de las banditas o pandillas locales: "Son menos jerarquizadas que otras organizaciones; defienden el territorio de grupos rivales pero no controlan el movimiento de los miembros de la comunidad que está en su zona; se inhiben ante las fuerzas de seguridad con las que mantienen relaciones conflictivas; no aplican leyes paralelas ni imponen justicia en la comunidad aunque frecuentemente consiguen beneficios por el miedo; tienen problemas con el Estado y la comunidad cuando hay delaciones y se involucran en los mercados ilícitos de sus territorios. 

Ingreso, disputa y armas. En Mendoza los menores ingresan a las bandas por amistad o cercanía. "Generalmente siempre hay un amigo que perteneció a un grupo y pasa a pertenecer a ese grupo y están en disputas por la identidad, el territorio o diferentes beneficios. Controlar una cuadra es factor de conflicto", dice Appiolaza quien también sentencia: "Tienen acceso a armas porque la Argentina ha tenido una mala política de armas, las formas de organización es generalmente de autoprotección".

Por su parte Piracés destaca que "ingresan buscando identidad porque desertaron de la escuela, la estructura familiar es compleja y no trabajan. Sin dudas buscan contención y en las banditas reciben reconocimiento. Ingresan para identificarse primero, después con un fin económico y para adquirir estatus entre sus pares. Muchos entraban, delinquían y caían con regalos para los que estaban adentro. Con esa lógica han estado operando. Buscan ser aceptados y ser queridos. Estos chicos no tiene expectativas de futuro y tienen mentalidad de jornaleros".

Lo ilícito. Appiolaza indica que el mercado de lo ilícito es administrado por adultos y que esos mercados luego se van conectando con otros. "Por eso concentrar toda la fuerza de persecución penal en el menudeo y no ocuparse de quienes organizan el crimen es gatopardismo. Debe de haber responsabilidad penal de los pibes y medidas de inclusión, pero también ir más lejos aún con la inteligencia criminal y seguir desarticulando bandas".

Piracés da un dato que consolida a la postura de Appiolaza: "A mediados de los 90 resistimos 20 intentos de otras bandas que venían a rescatar a chicos del pabellón de máxima seguridad y eran la mano de obra más calificada. Lograron llevarse a tres".

¿Sicarios? Appiolaza descarta que los miembros de las bandas cobren por matar gente. "Pueden haber estado en problemas con la ley por apropiarse de algún recurso, pero no vimos aquí sicarios como los hay en Colombia". También cometen algunos homicidios que aparecen en los diarios como los famosos "ajuste de cuentas"; y a veces, si el robo se pone complicado pueden matar al que se resiste.

Gastón Bustelo - gbustelo@losandes.com.ar

 

Mano de obra barata

El estudio de campo indicó que algunas pandillas locales se financian a través de mercados ilícitos. "Las banditas que delinquen lógicamente se insertan en mercados ilícitos que manejan los adultos, son la mano de obra barata y ocasional.

 
Por ejemplo el mercado de lo robado, celulares, electrodomésticos, se llevan autos, venden los repuestos. Puede haber algo de microtráfico y consumo, venta de armas, usurpación de espacios y pago de peajes. Te paran y te piden. 

Hay algunas empresas que ya contemplan este costo. Es una forma de dominio territorial. Transforman el territorio en algo económico", explica Appiolaza y agrega: "Este no es un tema para hacer populismo penal para sacar rédito político. La seguridad de todos, especialmente la de los niños y sus condiciones de vida, es un tema que exige políticas de Estado".

 

"Hay una gran deserción de la figura masculina"

"La figura masculina está ausente y hay una crisis de masculinidad. La mayoría de las visitas al COSE son de las madres. Hay una gran deserción del hombre, de la figura masculina moderadora y sobre todo con el tema del trabajo. Además, hay madres que sobreprotegen a esos chicos y luego se convierten los niños en una salida económica", indica Arturo Piracés, profesor de Psicología Forense de la Universidad de Mendoza y de Psicología Cognitiva de la Universidad del Aconcagua.

 

Sobre la baja de la edad de imputabilidad

"Bajar la edad tiene de positivo que se señalan límites y se tienen que buscar pruebas concretas. El tema es que se lo siga tratando al chico como menor. Hay que tener un sistema que se base en hechos conductuales si no se cae en ese sistema difuso de la discrecionalidad judicial. No es para esperanzarse que suceda esto en función de cómo funciona la Justicia y hay un grave prejuicio cultural porque el que juzga es de otro sector social y criminaliza actos, por eso son importantes las pruebas", explicó Arturo Piracés.