lunes, 26 de abril de 2010

Seguridad, medios y populismo penal

En apariencia, de acuerdo con el tono de algunas noticias policiales, la campaña está comenzando y algunos buscan colocar el tema de la seguridad como clivaje entre posiciones conservadoras que proponen el control social contra las que favorecen derechos.


Publicado en el diario El Sol, 25 de abril de 2010


Corriendo detrás de los votos o detrás del rating, las proclamas para aumentar penas a algunos delitos, bajar la edad de imputabilidad en niños e, incluso, imponer la pena de muerte han proliferado durante los últimos meses en Argentina. Precandidatos conservadores y no tan derechistas, estrellas de la televisión, aspirantes a la farándula y vedetes han recitado sus soluciones para la “inseguridad”, buscando sintonizar con la opinión pública. Esta banalización, cruzada por intereses políticos y económicos, bastardea el esfuerzo por construir políticas de seguridad democráticas.
 La caja de resonancia de estas expresiones de populismo penal es un sector extendido de los medios de comunicación privados –los amarillos y también la prensa de referencia, que ha ido adoptando formas sensacionalistas. Se han constituidos en un actor preponderante en la discusión sobre las políticas de seguridad. Sucedió durante los tiempos en que se discutía cambiar la ley que regula la comunicación audiovisual, una norma de la última dictadura cívico- militar que llevó a una concentración de la información pública en pocas empresas que, además, tienen otros intereses económicos. Sucede aún hoy, cuando la pugna judicial por su aplicación tiene coletazos en las secciones policiales.
 ¿En qué escenario se han desplegado estas propuestas de cambiar leyes penales para resolver los conflictos y también el temor? En medio de los conflictos del Gobierno con sectores económicos productivos y mediáticos, base de apoyo a la rearticulación de la oposición que se fortaleció en las últimas elecciones.
 Se sabe que seguridad objetiva y subjetiva caminan juntas pero no unidas. El tema de la “inseguridad” está entre las principales preocupaciones de los argentinos, pese a que existe un amesetamiento de las estadísticas criminales. Pero hay también un crecimiento de algunas modalidades de alto impacto en la opinión pública y la presencia de mayor violencia en los delitos contra las personas. Durante años, la respuesta gubernamental ha estado limitada a sostener que la inseguridad es construida por los medios de comunicación y que el crimen no crece, al tiempo que cargó culpas sobre el Poder Judicial. Una forma de alimentar también la asociación entre los delitos y las penas.

Las crónicas periodísticas cuentan cómo dos ministros de la Corte Suprema de Justicia, conocidos por no ser afectos a recostar todo el peso en los fueros penales, buscaron distinguir entre violencia, temor y facultades judiciales. Carmen Argibay sostuvo que el exceso de sensacionalismo mediático termina estigmatizando a niños, niñas y jóvenes, al tiempo que reclamó políticas sociales efectivas para ellos, los más afectados por la violencia y el delito. Eugenio Zaffaroni, también ministro y además el más reconocido penalista del país, aclaró a través de la prensa que “una cosa es la realidad de la frecuencia delictiva y la violencia en nuestra sociedad. Otra de las cuestiones es la construcción social viciosa de la realidad, que es la gobernabilidad, y eso es política”.
Otro triunfo del populismo penal. Bajar la edad de imputabilidad de los niños, de 16 a 14 años, ha sido insistentemente una de las consignas punitivas como receta para reducir la inseguridad (que ya no mencionamos como sinónimo de violencia). En el 2004, Juan Carlos Blumberg, padre de un joven asesinado luego de ser víctima de un secuestro, convocó a marchas en la Ciudad de Buenos Aires, reclamando formas de control más férreas y que permitieran encarcelar a niños desde los 14 años. Las marchas tuvieron inicialmente un gran impacto en las clases medias, sensibilizadas y con el aprendizaje táctico de las manifestaciones que forzaron la renuncia del presidente De la Rúa en el 2001. Sumaron un fuerte apoyo mediático. Blumberg se convirtió en un referente social de la antipolítica. Su popularidad se fue desinflando hasta naufragar en una candidatura fallida por la derecha en la provincia de Buenos Aires.

Fascismo 1-Democracia 0

Es que la seguridad se volvió un tema de las campañas. La derecha propone mano dura, el centro izquierdo duda. Un ejemplo es Francisco de Narváez, el empresario diputado que representa la derecha del peronismo de la provincia de Buenos Aires (enfrentada a las posiciones del gobierno de la presidenta Cristina Kirchner). Para posicionarse públicamente como un candidato preocupado por el tema, colocó en la web un “mapa de la inseguridad” abierto. Su canal de televisión enfatiza diariamente sobre la problemática del delito con tono apocalíptico. De Narváez supo ser socio político del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, otro empresario que ha hecho de la propuesta de seguridad uno de los ejes de su gestión, a través de preceptos de recuperar el orden social. Primero armó una policía con funcionarios acusados de encubrir terroristas y espiar a las víctimas. Ahora busca borrar a limpiavidrios y manifestantes encapuchados. 

Las propuestas deslizadas tienen similares características a lo que se puede escuchar en otros países: el desplazamiento de una villa, reacciones ante asesinatos conmocionantes de vecinos o de policías y la necesidad de militarizar las ciudades y de construir muros separadores. Manifestaciones que, por las características de espontaneidad y heterogeneidad de los actores, se estructuran como nuevos movimientos sociales. Siempre son noticia. Pero el tema se instaló con fortaleza cuando varios personajes de la farándula se sumaron al discurso de mano dura.
Susana Giménez lanzó consignas medievales desde su programa cuando mataron a su florista en un aparente robo. Habló de políticas de “mano re dura”, propuso la militarización de los jóvenes y leyes que contemplen que “el que mata debe morir”. Fue rechazada por organizaciones de derechos humanos como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y un abanico de intelectuales. La respaldaron personajes como Marcelo Tinelli y Moria Casán, con una amplia cobertura mediática en la que se omitió completamente la opinión de expertos. Pura pasión, pura sensación y apelaciones a lo que el “pueblo” quiere.
 Las suspicacias sobre el exabrupto de la conductora más popular de la televisión apuntaron a un nuevo capítulo del enfrentamiento entre el Gobierno y el Grupo Clarín. De hecho, hicieron una convocatoria insistente a una marcha por la seguridad. La participación fue magra en relación con otras concentraciones por el mismo tema y tuvo un carácter opositor-electoral expresado en los discursos de los principales oradores: un rabino y un sacerdote. En sintonía, el robo a la modelo Nicole Neumann –y su amenaza con abandonar el país– fue comidilla para prensa farandulera y crítica (que se mezclan cuando el principal periodista de chimentos de la TV se ofrece como vocero de la candidatura opositora y por el orden, del dueño del canal donde trabaja).
 No es una novedad en Argentina esta omelet de noticias policiales, propuestas efectistas para la seguridad, medios de comunicación y política. Una investigación de Stella Martini sobre medios y seguridad en el país descubre que desde el inicio de la democracia hay un incremento permanente de las noticias policiales en la tapa de los dos principales diarios: Clarín y La Nación. Pero el dato es más llamativo respecto de los procesos electorales y la instalación de agenda. Durante los meses decisivos de la campaña presidencial de 1999 se multiplicó esa tendencia. “El diseño de tapas es elocuente: su relación directa con los procesos políticos a partir de 1999 confirma la tendencia que indica la instalación del tema en la agenda de modo definitivo y su carácter de variable en el accionar político”, sostiene Martini en Prensa gráfica, delito y seguridad. Desde entonces, la tendencia no se modificó.

En apariencia, de acuerdo con el tono de algunas noticias policiales, la campaña está comenzando y algunos buscan colocar el tema de la seguridad como clivaje entre posiciones conservadoras que proponen el control social contra las que favorecen derechos (una estrategia electoral que suele dejar mal parado a los sectores progresistas). La más irracional y desbocada manifestación la dio el diario de menudencias Crónica, que tituló “Policía 1-Delincuentes 0”, reduciendo la conflictividad social a una carrera de exterminios y banalizando la complejidad que tiene el tema de la seguridad. Un esfuerzo por construir una seguridad democrática necesita compromisos de no lucrar con los temores y una agenda progresista para empezar a abordar desde la racionalidad temas críticos


Martín Appiolaza (Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia)