lunes, 17 de mayo de 2010

Cuando el control es la única idea

Es hora de superar la Mendoza del siglo pasado y sus formas. Han generado un ciclo vicioso que llenó villas, cárceles, colas de subsidiados y salas de emergencias.


Publicado en El Sol, 17 de mayo de 2010.


La seguridad es la excusa, el miedo es el móvil. Alzamos las proclamas de la seguridad por miedo a eso que no terminamos de entender, que no podemos controlar, que percibimos como una amenaza. Por ejemplo, hace unos días, un grupo de niños, niñas y jóvenes se puso de acuerdo a través de Facebook para faltar a la escuela y juntarse en una plaza pública. Los garantes de las libertades reaccionaron con coacción, la estigmatización y la restricción de libertades, esgrimiendo una lógica tutelar ya borrada de la Constitución y de las leyes. 

En la gran sincola hubo mentores, hubo estrategia, hubo un aprovechamiento de los medios de comunicación, hubo consenso, hubo decisión. Capacidades que están en los chicos y chicas, que se despliegan cuando el tema moviliza (ausentes cuando no interesa). Los fines no fueron loables. Pero las convocatorias son síntoma de la crisis de las instituciones que supimos construir y una oportunidad de reflexionar, desarrollando esas capacidades. 

¿Nadie se pregunta por qué más de 10 mil personas simpatizaron y adhirieron al grupo? ¿Por qué tres mil no fueron a la escuela y participaron en la reunión? ¿Por qué no hubo daños ni heridos ni delitos? ¿Por qué muchas familias se enteraron y no reaccionaron mal? ¿A ningún docente se le ocurrió ir a la plaza y montar una discusión o una propuesta de educación alternativa? ¿Por qué, después de leer los diarios, corrieron a internet a ver de qué se trata eso de las redes sociales? 

Semejante acto de insubordinación perpetrado por púberes clase medieros constituyó un desafío mayor para las instituciones y sus guardianes espirituales. Los sorprendió sin argumentos: hubiera sido más fácil mandarles la policía si se trataba de una reunión de limpiavidrios. Ya hay proyectos prohibitivos en el horno y una medida judicial esotérica. La sincola generó miedo, pero, en nombre de la seguridad, ya hay medidas de control. No importa si son delirantes. 

En un mundo más integrado, más ancho y más mezclado, los riesgos y los miedos aumentan. La seguridad es un reclamo universal, inspirado en las más diversas amenazas. Esos miedos se vuelven pánico impotente en algunos remotos rincones de la tierra, donde faltan capacidades para abordar los nuevos desafíos. Donde la institucionalidad endogámica y sus inquilinos sólo reclaman orden, quieren controlar y no pueden porque no entienden. 



DEBACLE. En algunos hay pánico moral, una reacción irracional contra la amenaza adolescente de mover estanterías. Cuando las instituciones encargadas de gestionar los conflictos sólo atinan a controlar por la fuerza, es que se les acabaron las ideas. Entonces, fuego a discreción contra los responsables. Desde el banquillo, los subversivos del acné se confiesan equivocados. Pero contestan con imprudente lógica: las redes no se controlan con dictámenes de la comarca. 

La situación no es casual. Mendoza perdió voces capaces de señalar el horizonte. En cambio, ganaron espacio los que caminan añorando la retaguardia, reclamando un orden de jerarquías y desigualdades, al que le sobra gente y le faltan oportunidades. Son los que pululan en las instituciones avinagradas construyendo muros de contención y cerrando las puertas con llave. Hacen cola en el Registro Civil para agregarse un apellido de dudosa estirpe, pero no entienden nada. 

Doctor, muy buena su intervención. Gracias, doctor, por su comentario, también ha sido muy destacada la suya. Le pregunto doctor. Dígame, doctor. No sería más seguro cerrar esa puerta doctor, digo, puede entrar alguien indeseable o que no comprenda. Claro, doctor, la calle está tan enrarecida. Menos mal, doctor, que gente como nosotros está a cargo de conservar esta bella Mendoza. Sabias palabras, doctor. 

Hay otros modos de afrontar estas conductas. Los libros de disciplina no son siempre los mejores consejeros. Alejandro Castro Santander ya recomendó desde estas páginas el acompañamiento familiar y el aprovechamiento de las tecnologías para el desarrollo de las capacidades. Tomémonos un té de tilo y miremos con curiosidad cómo se afrontan estos problemas en otros lados. 

Nos maravillamos de Barcelona. Allí, el Gobierno invitó a una reunión a los pandilleros (gente de muy mala conducta y apariencia, la mayoría latinos, asiáticos y africanos), les dijo que tenían derechos pero que debían dejar de matarse y vender drogas. Aceptaron. Crearon organizaciones sociales y culturales. Bajó el delito y los electores aplauden. 

En Inglaterra, donde los conservadores son de verdad, están preocupados por el vandalismo de niños, niñas y jóvenes. Pero entienden que no alcanza con un código de faltas. Desde la academia británica, la criminología cultural estudia estas transgresiones como mensajes que enuncian problemas sociales. Escuchando es más fácil abordar los problemas que tipificar y controlar cada manifestación “indeseable”. 

El control exagerado agudiza el ingenio y las transgresiones mutan. O, quizá, haya voluntad de eliminar toda forma de falta y posibilidad de trasgresión. Al mejor estilo estalinista habrá que controlar los cientos de redes virtuales, los miles de canales de chateo, los millones de blogs, los mensajes de texto y toda forma de comunicación que los jóvenes pudieran usar “en contra de sus intereses”. 

EL SILENCIO ES SALUD. Pero tengamos en cuenta que algunos episodios oscurantistas pueden ser inconvenientes para la imagen de Mendoza y su turismo. “Queridos padres: estoy en Mendoza. Es una ciudad muy limpia. Aquí prohibieron a los niños crear grupos de Facebook. Aquí no hay mucha confianza en las bondades de la educación sexual y los anticonceptivos pero se aplica la castración a los violadores. Aquí quisieron lapidar a un colectivo que traía turistas por las dudas que estuvieran enfermos de Gripe A. Pero no se preocupen, estoy bien. PD: el edificio de la postal es un tribunal donde evitaron juzgar a los delincuentes que torturaron y mataron para preservar el orden occidental y cristiano”. Definitivamente, el turismo talibán no es rentable. Si hasta China prohibió el castigo corporal a los adictos a internet. 

VOLVAMOS A LA SENSATEZ. Los chicos muestran decisión y capacidad a la hora de hacer algo que les interesa y resisten las formas autoritarias y arcaicas. La ausencia de alumnos es un mensaje. La reacción institucional entre impávida y censuradora es una evidencia de que hay que pensar algo más que medidas del momento. 

Es hora de superar la Mendoza del siglo pasado y sus formas. Olvidemos la falacia jurídica de acumular leyes y códigos como si solucionaran los problemas. Después de 100 años, ya es hora de que jubilemos las formas institucionales del proyecto conservador que aplicó el orden para el progreso, el control social sobre las clases peligrosas y la homogeneización forzada. Han generado un ciclo vicioso que llenó villas, cárceles, colas de subsidiados y salas de emergencias. Ya no es posible responder al miedo que producen estos fracasos con más orden y control.