lunes, 6 de septiembre de 2010

Postales de México con sangrita

Martín Appiolaza, director Centro de Estudios de Seguridad Urbana (UNCuyo), escribe desde México para MDZ, en centro de la violencia del narco crimen organizado. Un testimonio impactante.


MDZol Por Martín Appiolaza, desde México


Dos semanas de trabajo en México con alcaldes preocupados por prevenir la violencia social dan una experiencia fragmentaria pero intensa de un país afectado por el crimen, que busca soluciones. Noticias dramáticas, discursos de aniquilación y contradicciones, se pasan mejor con sangrita.



Enchiladas amargas. Los domingos los mexicanos se juntan con la familia a desayunar. Es un desayuno cargado, cerca del mediodía: frutas, carnes fritas, tortillas con queso o enchiladas, mucho dulce y jugos. En el restaurante del hotel, frente al Paseo Reforma del Distrito Federal, comentan las noticias de la semana. El saldo de muertos, cabezas cortadas, tiroteos entre facciones y fuerzas de seguridad. Dicen que el trago amargo de tequila hace menos daño con sangrita, jugo de tomate picante que ahuyenta la resaca.


Marche un vaso grande de sangrita entonces, porque en las últimas semanas la violencia arde en el esófago. Encontraron setenta y dos inmigrantes asesinados en Tamaulipas (estado del Golfo de México que limita en el norte con Estados Unidos). Atraparon a La Barbie, legendario sicario que hasta un corrido le habían escrito: "Para la mafia valor, pal enemigo balazos, pal cerebro es el negocio, pa las mujeres mis brazos". Un grupo de narcos y el Ejército se enfrentaron a balazos durante medio día en Veracruz. El presidente Felipe Calderón dijo en su mensaje al Congreso que la estrategia de militarizar el abordaje del crimen organizado permitió atrapar a algunos capos, pero que la violencia aumentará. Los alcaldes empezaron a trabajar en la prevención social de la violencia. Saldo de la semana: 18 policías ejecutados.

Los mexicanos tienen una relación cercana con la muerte. Una amiga me contó que su madre fallecida le está buscando novio. La Catrina es la muerte en el folklore mexicano. Está en artesanías y chucherías. Es la Calavera Garbancera, desnuda y con un sombrero elegante, que parodia a los mexicanos que intentan parecerse a los extranjeros renegando de su cultura y vistiéndose como gringos (especialmente españoles y franceses). La Catrina se pasea en los shopping y en camionetas gigantes con vidrios oscuros.

Provecho familias, venga una jarra que chorree sangrita.

A Catrina le salió un grano. A los conservadores les gusta comparar la sociedad con un cuerpo. Hay órganos que cumplen sus funciones. Cuando todos trabajan bien, el cuerpo está en equilibrio. El equilibrio es salud. En cambio, cuando aparecen conflictos, sus metáforas hablan de amputar, de combatir, de extirpar al órgano enfermo. Es sabido que los conservadores no han sido nunca buenos para la poesía. Su literatura de trozadero, aplicada a las personas, alude al silenciar las voces disonantes. Pero la sociedad es puro conflictos donde todos disputan algo y la democracia una forma humana de gestionarlos, mientras que el equilibrio perpetuo necesita autoritarismo. 

En el lenguaje político y periodístico se habla mucho del crimen en México apelando a este vocabulario gore. Muchos comparan la situación de México con Colombia, hablan de los cárteles mexicanos y del combate al narcotráfico. Digresiones: un grupo criminal es un cártel cuando domina todo el ciclo de la producción y la comercialización, algo que en México no sucede; México no es Colombia por muchas razones, entre otras porque la producción masiva de drogas prohibidas es un fenómeno colombiano y la frontera con Estados Unidos un drama mexicano.

Camino a TV Azteca, la periodista Ana María Salazar nos cuenta que trabajó en Colombia en los tiempos de los grandes cárteles: se formó en Harvard y sirvió en el Departamento de Defensa. Escribió “La seguridad nacional hoy”. Discutimos sobre las diferencias entre los países.



Las principales críticas a militarizar el abordaje al crimen organizado es que no se agota la estructura con capturar las cabezas, sino que se desata la lucha por los liderazgos y los mercados que quedan vacantes. Los opositores y muchos académicos atribuyen a esta estrategia las 22 mil 700 muertes, los desaparecidos y las violaciones a los derechos humanos.

Es como apretarse la pústula de un grano que se ve, que duele y molesta: vuelve a salir una y otra vez. O, como tituló su artículo en MDZ sobre el repunte del crimen en Medellín Gabriel Conte: “dónde hubo mafias, costumbres mafiosas quedan”.

El gobierno explicó que hay un debilitamiento de los grupos violentos. El diálogo por la seguridad del presidente Calderón con referentes políticos y académicos abrió el abanico para otras estrategias que revisen las causas sociales de la violencia. Las raíces del grano.

La frontera antes de la frontera. Cuando el avión llegó a México, las valijas tardaron una hora para terminar de aparecer, mientras, detrás de un vidrio un perro las olfateaba una a una. México es la escala previa al ingreso de drogas a Estados Unidos, entonces el control es mayor. La situación molesta.

“En Estados Unidos hay un mercado ilegal de 170 mil millones de dólares muy buenos para la economía americana, entonces dudo que haya muchos interesados en defender la legalización”, respondió el dirigente del Partido Revolucionario Institucional, Mauricio Fernández Garza en el libro “El cártel de Sinaloa” de Diego Enrique Osorno.

Luis Tibiletti, ex secretario de Seguridad Interior argentino, hizo una provocación con el mismo espíritu: en un foro internacional propuso comprar y entregarle a Estado Unidos toda la droga ilegal que consume. Calculó que sería más barato que todo lo que gasta en combatir el narcotráfico en América Latina. También evitaría los problemas de violencia que sufren nuestros países por el comercio ilícito.

Incluso, el ex presidente mexicano Vicente Fox ha sugerido en estos días la legalización de drogas para reducir la violencia. Es un tema que anda dando vueltas, pero por ahora ha sido desestimado de los dos lados de la frontera.

En cambio, siguen peleando por el control de los pasos fronterizos los grupos que trafican personas y drogas. Es un buen negocio. Según un documento de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, por cada migrantes ilegales secuestrado en la ruta hacia la frontera norte los raptores cobran entre 500 y 5 mil dólares. “Así, de los 9 mil 758 casos de víctimas identificadas los secuestradores habrían obtenido un beneficio de aproximadamente 25 millones de dólares” en 6 meses. A esto hay que sumarle la rentabilidad del tráfico de drogas y armas (se estima que cada día ingresan 2 mil ilegalmente, desde Estados Unidos).

Del otro lado de la frontera rige la ley antiinmigrantes en Arizona y Texas pidió soldados para custodiar. En tono de confesión, un vaqueano de Sonora, en el Norte de mexicano, se preguntó: ¿cómo puede ser que la corrupción esté sólo en este lado de la frontera? 

Prevenir no es amputar, es reconstruir. El tráfico de drogas hacia el norte lleva casi 100 años. Comenzó con mariguana y opio. Los investigadores explican que durante muchos años estuvo prohibido formalmente, pero en la práctica pasaba sin problemas y circulaba por las redes de distribución del otro lado de la frontera. Así crecieron y se propagaron las plantaciones con la complicidad de funcionarios corruptos de los dos países.

Volviendo a la metáfora del acné, no todo es crimen organizado. Es la pústula. Subyace una historia de privaciones y beneficios fastuosos para pocos favorecidos por la concentración del poder, corrupción y falta de democracia, donde la violencia en todos los niveles ha sido cotidiana. En estos casos los municipios tienen mucho para hacer: alcaldes de todo el país se están involucrando en el armado de políticas de prevención social de la violencia, ocupándose de las tensiones entre necesidades y privilegios. Recuperar la trama social desde lo local es un aporte para empezar a reducir la violencia como cotidianeidad y como opción de vida. No es el único.

El autor: Martín Appiolaza, director Centro de Estudios de Seguridad Urbana (UNCuyo)