lunes, 31 de enero de 2011

Asesinatos, extorsiones y secuestros consumen a Ciudad Juárez

Publicado en Diario Los Andes, 5 de diciembre de 2010.

Por Martín Appiolazza - Periodista y director del Centro de Estudios de Seguridad Urbana de la UNCuyo - Desde México, especial

El avión baja y se prepara para aterrizar. Después de kilómetros de desierto y dunas aparece Ciudad Juárez. Es una cuadrícula de casas apiñadas envolviendo las naves industriales de la maquila. La cortan el tren y las rutas que conectan México con los Estados Unidos. Un río seco es la frontera.

Aquí todo lo impregna el crimen: los cárteles se enfrentan entre sí, contra las policías y el Ejército; hay secuestros y desaparecidos; mujeres asesinadas brutalmente y jóvenes que amanecen ejecutados por docena o repartidos en trozos por las calles arenosas. También hay una comunidad que tiene miedo pero resiste, intentando construir seguridad.



Desde 2007 y hasta mediados de este año hubo en Ciudad Juárez 4.500 asesinatos. La cantidad de víctimas aumenta cada año: este año terminará con 2.800 ejecutados. La tasa de homicidios es 16 veces mayor que la de Mendoza.

Las dos ciudades tienen alrededor de un millón de habitantes, un clima árido y extremo, una frontera que las ha marcado. La magnitud del crimen organizado hace la diferencia: nació como algo tolerado, creció a base de sobornos y hoy está consumiendo a Ciudad Juárez.

Hace una década la ciudad saltó a la fama por los feminicidios: el secuestro, tortura, violación, asesinato y cercenamiento del cuerpo de más de mil mujeres jóvenes, la mayoría "levantadas" en el centro de la Ciudad con total impunidad. Hace un año, la Corte Interamericana de Derechos Humanos hizo justicia y condenó a México a reparar a las víctimas y mejorar sus políticas.

La violencia armada

El enfrentamiento entre los cárteles de Juárez y de Sinaloa por el control de la ciudad es señalado por el gobierno como la principal causa de la ola de asesinatos. La pelea ha impregnado a toda la sociedad: el crimen organizado tiene grupos de sicarios que intervienen en la disputa, como La Línea, que trabaja para el Cártel de Juárez y, Los Pelones, para Sinaloa.
Estos grupos han ido reclutando pandillas violentas que se sumaron primero a la venta de drogas y terminaron formando parte de la guerra, disputando el control en toda la ciudad de los picaderos (puntos de venta y consumo) y los pasos internacionales.

Los Aztecas están vinculados al Cártel de Juárez y Los Artistas Asesinos, al de Sinaloa. Estas pandillas comandadas desde la cárcel y fortalecidas por las políticas de encierro masivo, ya permearon toda la ciudad involucrando a los grupos de jóvenes en los barrios.

Los investigadores demuestran que el crimen organizado no puede funcionar sin la corrupción estatal y socios empresarios. El involucramiento de miembros de las fuerzas de seguridad y de la Justicia ayudó a engordar a los grupos criminales, según una infinidad de denuncias. Primero tolerando ilícitos a cambio de coimas.

Después, formando parte de un grupo criminal por voluntad propia o amenazados. Las periódicas purgas policiales por reprobar los "controles de confianza" no han logrado resolver el tema. El jueves pasado expulsaron a 48 policías de la fuerza municipal y una hora después ya tenían propuestas de trabajo del grupo criminal La Línea.

También hay extorsiones

V.C., una actriz comprometida con pacificar la ciudad, cuenta que mientras la atendía su ginecólogo escuchó que un hombre les pedía dinero para permitirles trabajar. La amenaza es concreta: si no paga le destruyen el consultorio o lo atacan. "Me dijo que así no podía más, que cerraba y que iba a seguir atendiendo en el hospital", cuenta.

Desde la organización que nuclea a comercios y empresas, aseguran que han perdido la tercera parte de los socios en los últimos dos años. Cerraron sus comercios. Médicos y dentistas están entre los más afectados. Sólo en la tradicional zona comercial de Pronaf han cerrado el 60 % de los negocios. Los que aún abren sus puertas posiblemente estén pagando sobornos.

Incluso las escuelas públicas tienen que pagar para no ser atacadas. En Altos de Poleo, una villa construida sobre dunas en las afueras de la ciudad, un grupo armado extorsionó a los docentes. Como no pagaron, volvieron y se llevaron a un maestro.

La escuela es ahora una fortaleza de rejas y lata. Hace un mes que no se sabe nada del secuestrado. "Ya no quedan comercios en las colonias, alrededor de las escuelas ya no hay papelerías, han tenido que cerrar porque no podían pagar más sobornos", explica el investigador Eric Orozco.

La resistencia de la paz

La organización Casa funciona en un barrio popular. Allí los niños, niñas y jóvenes se debaten entre un futuro de privaciones que los tendrá trabajando de sol a sol en la maquila (plantas industriales ensambladoras) como sus padres, o el atajo del narco: una vida excitante, de ganancias rápidas y con el pronóstico de una muerte joven. Teresa Almada dirige Casa y es una de las personas fundamentales para entender Juárez y pensar una ciudad más pacífica.

Explica el dilema de los jóvenes con el dibujo de uno de los niños: "Cuando les pedimos que nos muestren algo que les guste hacen cosas como ésta: la piscina del narco con grifos de oro y el chico listo para bañarse".

Teresa y muchos otros creen que se puede prevenir la violencia ampliando las opciones de vida. Dicen que no se trata sólo de mejorar la policía y la Justicia. Tampoco alcanza con mejorar los sueldos o dar trabajo. También hay que reconstruir Juárez para que no sea una ciudad al servicio de la maquila.

Estas tierras arenosas fueron hace décadas haciendas algodoneras. Hace 30 años las familias tradicionales arrancaron las plantas y se asociaron con los inversionistas para poner maquilas ensambladoras. La gente empezó a radicarse por trabajo, se amontonó en casitas de 40 m2 y la población se duplicó cada 10 años. Un día dejó de llegar agua por el río Bravo porque la desviaron para fertilizar Texas.

A pesar del clima de miedo, la gente sale a la calle a reclamar paz. Los estudiantes están pidiendo que no se militarice la ciudad, después de las denuncias de apremios ilegales por el Ejército y policías. Los grupos de jóvenes arman proyectos de desarrollo.

Los artistas llaman a la reflexión para crear una nueva ciudad desde el cine, el teatro, la literatura, el hip hop. El gobierno ha implementado un gran programa de inversión social llamado "Todos somos Juárez" y planea la prevención de la violencia a través de la cohesión social. Pero la seguridad aún se siente lejana.

Mientras el cronista terminaba estos párrafos en un hotel lujoso, en la calle se escuchaban sirenas, disparos y ambulancias. Era la última noche en la ciudad. El avión despegó con el cielo ya oscuro. Las calles de un barrio se veían marcadas por el alumbrado público.

Llamaron la atención unas luces blancas que se prendían sin seguir un ritmo, luego del otro lado, como si le respondieran. No podían ser decorados para la Navidad porque los destellos espasmódicos se iban moviendo por las calles. La vista aérea de un tiroteo nocturno es una postal más de una ciudad corroída por la violencia y el crimen.

El corazón del cártel
El centro histórico de Ciudad Juárez parece zona de guerra. Las avenidas principales, Juárez y Mariscal, están desiertas y las casas derrumbadas. Sólo se ven vendedores de drogas a un promedio de dos por cuadra. Es la zona más violenta de la ciudad y la más disputada por su rentabilidad para el narcomenudeo y el tráfico.

Allí empezó a formarse el Cártel de Juárez en los años '20. Primero con el contrabando de alcohol para abastecer las necesidades etílicas de los norteamericanos en tiempos de la ley seca.

Tras un proceso de reingeniería, Doña Nacha (todavía muy recordada) dirigió durante medio siglo la venta y tráfico de drogas. Marihuana, heroína y cocaína cruzaban a Estados Unidos con la complacencia de la policía de Ciudad Juárez y de Texas.

Fueron los primeros pasos del cártel, imbricado con la vida económica y social de la ciudad. Con los años el negocio creció y se volvió cada vez más difícil distinguir entre honestos y delincuentes, entre negocios legítimos y negocios del narco.

Ahora, el centro de la ciudad está siendo comprado por el nuevo millonario Carlos Slim, el mexicano más rico, para construir un gran centro comercial que atraiga el consumo norteamericano. Slim también es el proveedor de agua de Ciudad Juárez.



Dos caras de la misma moneda
En el siglo pasado, la clientela del centro de Ciudad Juárez para sexo, alcohol y drogas llegaba desde Estados Unidos: por ejemplo, los militares del Fuerte Bliss ubicado en la ciudad de El Paso, al otro lado de la frontera. Con el tiempo Ciudad Juárez y El Paso se convirtieron en el principal paso de drogas y contrabando ilícito entre los dos países. Son ciudades siamesas.

Nacieron unidas. Una no puede vivir sin la otra. Comparten las venas y la sangre. Las familias se reparten entre los dos lados. Las compras del supermercado se hacen en Estados Unidos y los medicamentos del lado mexicano. Los productos electrónicos son más baratos en El Paso y los dentistas juarences cobran menos.

Del otro lado del río arman los autos norteamericanos usando las piezas que produce la maquila con mano de obra barata del lado latino. El tráfico de drogas y personas va hacia el norte. Las armas y el dinero sucio bajan hacia el sur. Paradójicamente, El Paso es la ciudad más segura de Estados Unidos y Ciudad Juárez es la más violenta de México.