jueves, 25 de octubre de 2012

Que no se metan con la Ciclovía y democratización urbana




Cuando la comunidad se apropia de un espacio, los proyectistas urbanos tienen que parar la oreja. Mendoza necesita un sistema de transporte adecuado, pero también espacios de socialización que democraticen las relaciones entre las personas. La gestión urbana debe ser democrática, garantizando la participación para no generar nuevos conflictos y violencia.

Por Martín Appiolaza (*) publicada en mdzol.com el 10 de octubre de 2012

Era un descampado, oscuro y cubierto de yuyos: una metáfora de la agonía del sistema ferroviario (cuando dejó de ser un servicio y pasó a ser un negocio). Le tenía miedo. En mi casa le teníamos miedo. Mis vecinos le tenían miedo. Cruzar de noche se nos hacía una aventura.
Pero un día volvió el Estado a la vieja Estación Benegas: iluminaron, parquizaron, pusieron juegos y pistas para caminar, para andar en bici o patinar. Lo más importante: los vecinos y los que vienen de más lejos (de Maipú, de Luján, de Guaymallén y también de Capital), se sentaron los domingos en el pasto, prepararon el mate, el bizcochuelo y el descampado se convirtió en un lugar de todos. Por eso, que no se metan con la Ciclovía.

Al principio caminábamos por la Ciclovía unos pocos, los que vivíamos más cerca. Pero empezó a llegar gente de más lejos. Mi cuñado venía desde el Trapiche a correr. Mi mamá dejó de ir al Metropolitano y cumplió cada día con la orden médica: 5 kilómetros a paso medio. Mi hijo organizó su cumpleaños en la Ciclovía (a departamento chico buenos son los parques públicos). Siempre envidié a un pibe que se sentaba las siestas a leer bajo un olivo: estuvo una semana con algo de Soriano, después trajo apuntes de clase y se puso a estudiar. Y después vinieron los compañeros y estudiaban en el pasto. Así se pasó el verano. Y los malabaristas. Y los que hacen Tai Chi a las 7 de la mañana.

La cosa se fue mezclando: vecinos y vecinas pitucos ya no temían cruzarse con otros vecinos de barrios populares. Todos compartían el espacio. Porque todos tenemos derecho a la ciudad, el mismo derecho. En una ciudad que el mercado llenó de muros y rejas, donde todos son sospechosos, un espacio social tomado por la gente se vuelve un ámbito de igualdad y cohesión. Cuando hay cohesión disminuye el miedo: todos compartimos y cuidamos un espacio que es de todos. Es nuestro porque todos somos de la misma comunidad.



Integración

Godoy Cruz no tenía un espacio así. Generó cambios urbanos, pero especialmente la Ciclovía generó cambios sociales. Ahora es posible recorrer el departamento de punta a punta. Y ya no tengo miedo. Mis vecinos no tienen miedo. Bajó la inseguridad al poder conocer a otra gente que vive cerca. Me mudé un poco más lejos. Pero sigo volviendo a encontrarme en la caminata con muchos conocidos y futuros conocidos.

Los espacios públicos son democratizadores. Y donde no los hay, las ciudades que pretenden ser incluyentes los construyen, ya sea invirtiendo en terrenos públicos o bien expropiando donde se hace evidente la necesidad de un lugar de socialización. Mendoza fue creciendo primero a partir de las urgencias de las aristocracias locales y sus prioridades económicas. Eso generó conflictos: la ciudad es un espacio de conflictos donde suelen imponerse los que más poder tienen, si no hay una regulación urbana que iguale derechos para que sea un ámbito cohesionado de convivencia y potenció la violencia. Luego el mercado hizo durante mucho tiempo lo que mejor sabe: negocios. Pero en los negocios algunos ganan y muchos pierden. Afectó aún más la convivencia. Es que la ciudad neoliberal concibe a los ciudadanos como consumidores. Ahora, la planificación estatal de espacios de socialización debe revertir estas consecuencias.

Resulta que a alguien lo invitaron a un curso y conoció Medellín: el modelo de ciudad que venden los organismos de crédito internacional. Allí metieron dinero, se evaluaron y ponderaron los logros. Es innegable que la ciudad cambió con un estilo de inversión fuertemente estatal, en el que convivieron los intereses empresariales y los pactos con los actores armados ilegales. La tarjeta de presentación es la reducción temporal de la violencia.

La gran observación es que Colombia es unitaria, que las grandes ciudades tienen una coordinación ejecutiva superior a los intendentes, que es el alcalde mayor con capacidad de fijar las grandes políticas urbanas (superando la doble fragmentación política y administrativa) y que aplicaron procesos participativos de concertación ciudadana para definir las líneas estrategias de desarrollo de las ciudades. Participación es la clave: nos lo enseña Medellín y Bogotá, pero también el DF mexicano, Rosario, Montevideo, Puerto Alegre y tantas ciudades en el mundo.

Participación es democratizar las decisiones, para que todas las perspectivas estén presentes y los conflictos se conviertan en propuestas superadoras que contemplen todas las necesidades. Esta tradición democrática no es frecuente en nuestras ciudades.

Salir por arribaMendoza necesita superar la doble fragmentación que neutraliza los esfuerzos: municipios, provincia y nación comparten jurisdicciones, planes e intervenciones. Pero pocas veces el exceso se traduce en eficiencia. Menos aún en procesos democráticos que involucren a toda la comunidad en el diseño, cogestión e implementación de políticas públicas. Esto se agrava con la segunda fragmentación: distintas agencias de salud, educación, desarrollo, obras, intervienen al mismo tiempo, anulándose muchas veces. El Gran Mendoza ya roza el millón de habitantes y en poco tiempo será insostenible. Necesita, por ejemplo, un sistema de transporte eficiente, económico y sustentable. Un servicio más que un
negocio.

Hoy el conflicto es que muchos miles de mendocinos ocupamos la Ciclovía de Godoy Cruz. Hacemos picnic en Estación Benegas, ejercicio. Amistades y parejas nacen allí: es un lugar de encuentro, que la comunidad se apropió. Pasarle con un tranvía por encima es atropellar ese capital social y la voluntad social. Es intentar arar una trama de relaciones entre gente, donde espontáneamente han surgido pautas de convivencia, rituales, democratizando espacios y cohesionando vecinos. Es un conflicto. Un gran conflicto. Del tipo de conflictos que nacen cuando la planificación urbana se burocratiza en lugar de democratizarse. Y como vecino que se siente parte de ese espacio y de la comunidad que lo usa, pienso y digo que no se metan con la Ciclovía. Que quiero un transporte público surgido del consenso público.

*Por Martín Appiolaza, vecino del barrio Trapiche de Godoy Cruz, Centro de Estudios de Seguridad Urbana UNCuyo