martes, 1 de abril de 2014

Linchamientos: apuntes de la locura


Publicado en www.mdzol.com

Hace varios años que está aumentando la cantidad de víctimas de la violencia. Los heridos y los muertos. Engrosan la estadística. Son también el emergente de algo que nos está pasando a los Argentinos. La intolerancia acompañada por reacciones violentas contra otros argentinos: una pelea vecinal por el sonido termina en balacera; los conflictos en la escuela se resuelven a las piñas; las diferencias de ideas son la excusa para enemistades a muerte. Por otro lado, hay incapacidad en las instituciones encargadas de gestionar conflictos para garantizar lo que imaginamos como "justicia" y el aprovechamiento mezquino de estas frustraciones para hacer negocios económicos y políticos.


Intentemos unos apuntes sobre esta locura.

Por que los linchamientos son el límite más oscuro de la civilización: son desconocer la existencia y el monopolio de la fuerza que debe tener el Estado para vivir en una sociedad moderna.
1.     Para eso se crearon dispositivos policiales y judiciales, regulados por un marco legal, que sirven para gestionar y resolver los conflictos sociales (un robo, un homicidio, una pelea, un corte de calle). Y si se usa la violencia, deteniendo o encerrando por ejemplo a alguien, lo deben hacer los funcionarios estatales de la Policía y la Justicia. Para eso están.
2.     Cuando se pasa sobre la Policía y la Justicia, cuando se hace justicia por mano propia, se es un delincuente. No es excusa que me hayan asaltado para asaltar o matar. Sino mi víctima se sentirá legitimado para hacerme lo mismo. Y así la implosión social no para más.
3.     Sin embargo, en estos días, la reacción no es contra todos los delincuentes, ni contra los delincuentes más poderosos: no hay banqueros linchados, estafadores linchados, explotadores laborales linchados. Se trata de gente sospechada de delitos comunes. Con un estereotipo físico: jóvenes, varones, con aspecto de pobres. El prototipo del delincuente que se construye social y mediáticamente. Del otro lado, gente indignada con sensación de impunidad.
Causas: Aumento de la violencia e intolerancia; debilidad institucional; inseguridad real e inducida
1.     La crisis económica impacta en niveles de delitos menores, amateurs, callejeros, armados. Cada vez que hubo un ajuste económico como el de los últimos meses, aumentó la violencia y el delito en la Argentina: 1990. 2002, 2008, 2012. Esta violencia y la sensación de inseguridad Impacta más en sectores sociales medios, culturalmente más vulnerables e inseguros.
2.     Es obvia la saturación y fracaso de las instituciones tradicionales de control: policía, justicia, cárcel, escuela. Fueron pensadas para ser efectivas en una Argentina que ya no existe hace 50 años. Se resisten a la modernización, mientras tanto las nuevas familias, las nuevas formas de organización comunitaria violenta, la comunicación masiva, alientan otras formas de violencia.
3.     Dijimos: la Argentina cambió. Todo cambia. Y los cambios recientes no están acompañados por una cohesión social que permita integrar a todos como iguales, parte de la misma sociedad. Predomina la desconfianza y surgen entre nosotros límites imaginarios: los enemigos y sus zonas en la ciudad, los vecinos que no son confiables, el temor a cualquiera que anda por ahí.
Aliento a la intolerancia, demagogia penal y frustración democrática
1.     En esta situación, se utiliza el delito como recurso para generar más miedo del que ya produce y luego conseguir votos prometiendo soluciones mágicas. Los demagogos se acuerdan de las víctimas por sus votos. Así se aborda con irresponsabilidad el problema delictivo. ¿Cómo responsabilizar a los que con declaraciones oportunistas facilitan estos climas violentos? ¿A los que impulsaron iniciativas que aumentaron la intolerancia y aceleraron el fracaso de las policías, la justicia y las cárceles? ¿No sabían lo que hacían o lo hicieron sabiendo y especulando con unos votitos más?
2.     Se proponen salidas autoritarias que usan el temor como elemento de discriminación contra algunos grupos sociales, resaltando comportamientos violentos y omitiendo las condiciones que faciliten esa violencia que se podría prevenir. Asociar pobreza con asistencia social y con delincuencia. Luego, denunciar que hay planes sociales para los delincuentes. Paso seguido: mano dura a los delincuentes pobres, menos planes sociales y más armas. La criminalización de la política social.
3.     Evidentemente hay una inflación de la cuestión de la seguridad en la agenda mediatica que no persigue soluciones, sino que aporta a un proyecto conservador de sociedad que podría reflejarse en reducir prestaciones sociales e impuestos, favoreciendo las desigualdades que potencian esta violencia. Muchas caras se repiten: empujaron la eliminación de las políticas sociales y el debilitamiento de las políticas de seguridad estratégicas hace 20 años y hoy se reciclan como renovadores, proponiendo mano dura contra las consecuencias humanas de sus políticas del pasado. Porque el microtráfico de drogas que ocupa las noticias es visible en las villas, pero nadie se anima con el lavado y su complicidad estatal-económicas. Y cuando alguien se mete contra los dueños del circo lo tirotean, como le pasó al gobernador de Santa Fe.

Hace años que somos muchos los que lo venimos proponiendo. Ahora más que nunca, urge un acuerdo social y político sin egoismos ni especulaciones mezquinas para modernizar las instituciones de seguridad (Justicia, policías, cárceles), para hacerlas más efectivas, implementar políticas de Estado para la prevención e inclusión social (no con decretos) y trabajar sobre una cultura para una seguridad democrática basada en la no violencia. Estamos a tiempo, porque no hemos visto aún la peor cara de la locura.