viernes, 27 de junio de 2014

Suárez, su dentadura y la criminología futbolera



Lo que le faltaba a los comentaristas del mundial: ocuparse de Luis Suárez como si fueran periodistas de policiales. Analizaron el mordisco con delirantes argumentos: así inventaron la criminología futbolera.
En radios colombianas, por ejemplo, se pudo escuchar de todo. Por supuesto, querían sacarlo del campeonato porque el delantero uruguayo genera angustias entre los hinchas colombianos. Y entonces se largaron a tratarlo como masticador de rivales compulsivo, delincuente del tarascón.
Los argumentos para pedir la sanción a Suárez rozaron el delirio, lo pusieron en el rol de criminal, psicópata, sujeto peligroso. Un manojo de opinadores, expertos y especialistas en casi todo analizaron el caso. Las preguntas fueron: ¿por qué violó las leyes del fútbol? ¿Cómo nace el comportamiento ilegal en el área? Así trataron de explicar a un “criminal” de la pelota, adaptando al césped todo tipo de teorías criminológicas. Veamos:
Leyes más severas para controlar a los ciudadanos peligrosos. Muchos opinaron que  leyes más duras prevendrán estas mordidas, las manos de dios y los pinchazos a los arqueros (metodología descripta en sus crónicas por Osvaldo Soriano). Por eso querían una sanción que llene de temor a los jugadores. Faltó poco para que pidieran que lo ahorcaran de uno de los arcos del Maracaná.
La ciencia puede curar al enfermo: Un psicólogo respondedor de entrevistas explicó que el jugador tiene un trauma infantil. La causa: le sacaron la teta antes de tiempo (sin poder determinar si fue por falta de leche en los senos o por los daños que le producía a su mamá). Posología: diván urgente para que resuelva la neurosis del destete, sino podría seguir mordiendo a más jugadores o a cualquiera que se le cruce.
Sus protuberancias dentales son la evidencia de un gen peligroso. El periodismo lombrosiano justificó el ataque en la fisionomía del delantero. Esos dientes, esa cara equina hablan mucho de su comportamiento “enfermo”, retrucó el periodista que entrevistó al psicólogo. Es irrecuperable, diagnosticaron en un programa que tenía entre sus auspiciantes una clínica odontológica.
Las malas juntas lo echaron a perder. Entre los llamados del público hubo uno que explicó la masticada como una conducta aprendida en los baldíos de alguna villa degradada con otros jugadores tramposos, consecuencia de una asociación diferencial en un entorno urbano. Un problema de valores deportivos y de contención en el hogar.
La prensa lo etiquetó y arrastró a una vida de mordidas compulsivas. Los comentarios más compasivos llegaron de los oyentes: Suárez es una víctima del resto de la sociedad que le festejó y lo etiquetó como un dientudo. Así inició una carrera por morder cada vez mas escandalosamente reforzando su autoestima ante la aprobación de los otros. Hay una subcultura del potrero que justifica las picardías del fútbol.
La explotación del hombre por el hombre y el control de los díscolos. Pero cuando se confirmó la sanción, comenzaron a verlo como una víctima. Los críticos de las otras teorías creyeron ver en Suáres a un chivo expiatorio de la FIFA, organización capitalista beneficiada por la globalización. Y la teoría conspirativa: el mismo día que calificó Estados Unidos voltearon a Suárez, un jugador de un pequeño país que poco aporta a la recaudación mundialista y que se ha animado a despenalizar la mariguana. Denunciaron prácticas de control social: poderosos se ensañaron contra el eslabón más débil. Un castigo ejemplificador para que no quepan dudas sobre quién manda en el fútbol.
Mano dura y tolerancia cero. El pimpón de ocurrencias continuó y los comentaristas reclamaron mucha severidad para educar en el respeto de las normas a los niños que ven el mundial. Lógica mecánica: Si se permite andar mordiendo dentro de la cancha, los niños lo imitarán generando un problema de salud severo. Por eso recomendaron: castigo a la menor transgresión. Y como el caballero ya viene hincando los dientes le corresponde al tercer tarascón fuera de fútbol (Three Strikes Out).
Se ensañan con los perejiles para nadie toca a los patrones del fútbol. La sanción se conoció. Es muy severa. Entonces empezó a bullir la sensación de injusticia. No faltaron comentarios sobre la política de seguridad en el fútbol mundial. Aunque la FIFA es investigada por una serie de delitos de cuello blanco nadie cree que Blatter vaya preso. En cambio, la severidad cayó sobre un jugador de un país chiquito. Así pagan los perejiles mientras los capos se llenan los bolsillos y nadie se anima a hacerles frente.
Una mordida es una reacción contra el orden social excluyente. Los “especialistas” más audaces sostuvieron que una mordida es un acto transformador y revolucionario. Hay que interpretar la mordida: Suárez lo hace porque la adrenalina le gusta, lo hace sentirse respetado y temible, arriesgaron. Morder es un acto simbólico: para entenderlo mejor existe una criminología cultural que interpreta las trasgresiones en la sociedad posmoderna y líquida, con valores efímeros. Morder es una batalla contra hegemónica en una sociedad que al mismo tiempo que te incluye invitánte a sosoñar te expulsa prohibiendote seguir. Morder para sentirse vivo.
Con esto fue suficiente, ¿no?