domingo, 28 de septiembre de 2014

Hacia una nueva seguridad municipal

Desde el ámbito municipal se puede generar un nuevo modelo de seguridad alejado de las políticas de la derecha populista.

Publicado en La Vanguardia.

Por Martín Appiolaza. Se viene el calor. Con él aumenta la cantidad de conflictos violentos y delitos. De la mano llegan los reclamos potenciados por el clima pre electoral. Mal momento para los intendentes: aunque no tienen responsabilidad directa sobre la seguridad, los vecinos igual les apuntan con sus demandas. ¿Qué pueden aportar a la seguridad sin hacer populismo los gobiernos locales?



Del reclamo de seguridad no se salva ninguno. En pueblo chico, porque la comuna es el Estado más próximo. En ciudades grandes, porque el municipio hace tiempo que debió hacerse cargo de la convivencia para prevenir la violencia. Peor aún, si han demostrado capacidad para resolver problemas. Algunos eligieron hacerse los distraídos. Otros sobreactuar.

Hace 20 años se disparó el delito en la Argentina. Los intendentes tuvieron que buscar respuestas ante las nuevas demandas. Tiempos de improvisación. Los municipios salieron a podar árboles para mejorar la iluminación, poner lámpara, rejas, alambrados, lomos de burro, limpiar baldíos. Luego aparecieron los foros de seguridad, las policías municipales, las iniciativas de desarme, alarmas comunitarias, los programas para jóvenes vulnerables. Con el tiempo, lo que empezó como una demanda se convirtió en una prioridad de los intendentes y una carga sobre los presupuestos.

La violencia urbana había explotado en la Argentina al mismo tiempo en medio mundo. Antes había empezado en Estado Unidos e Inglaterra, por ejemplo, donde ensayaron primero las políticas neoconservadores que eliminaron empleos y políticas sociales. Aquí, sus hijos bobos desde populismo conservador, inflaron y siguen profundizando la desigualdad y el miedo como estrategia política. Hacen negocio ofreciendo soluciones mágicas: recetas de mando dura, cámaras, patrullas, equipos de comunicación, armas, servidores públicos cesanteados y convertidos en guardias de seguridad privada.

La derecha siempre fracasó en temas de seguridad


La violencia y el temor están creciendo. Se multiplicaron los delitos violentos en los últimos años empujados por los mercados ilícitos de lo robado y de sustancias prohibidas. La crisis económica no ayuda. Los jefes comunales vuelven a preguntarse: ¿Qué puedo hacer para responder la demanda de la seguridad?

Lo primero es entender que la derecha sistemáticamente ha fracasado al tratar de resolver la seguridad: han llevado la iniciativa y la violencia no dejó de crecer. Y seguirá fracasando. ¿Por qué? Porque sólo tiene respuestas de momento que profundizan las mismas causas de la violencia y el delito. Un repertorio acotado de medidas de control siempre insuficientes, poco sostenibles, en un contexto de conflictividad social extendido y complejo como hoy tiene la Argentina. Aunque bien vendidas y respondiendo oportunamente a las angustias colectivas.

Es posible aportar con una perspectiva progresista desde el ámbito local. La clave está en la planificación participativa y democrática (nada más apuesto al populismo conservador que especula electoralmente con el miedo). Ya sé: suena Flower Power. Pero planificar no significa resignarse a tomar medidas de impacto y efectivas, aunque siempre integradas en una estrategia más amplia con el objeto primario de lograr cohesión social en el ámbito local con base en la solidaridad, y en consecuencia, reducir los niveles de violencia y delito.

Revisando experiencias, por ejemplo las de la red de Ciudades más Seguras que promueven las Naciones Unidas, podemos hacer un itinerario de acciones para tener respuestas a la cuestión de la seguridad que vayan más allá de los espejitos de colores. Primero, se necesitan intendentes o intendentas con una visión clara sobre el rumbo a tomar.
1. Definir los límites de las competencias que tiene el municipio. En general, los gobiernos locales no pueden tener ni policía armada, ni cárceles. Entonces, lo que sí pueden hacer es prevenir la violencia y el delito. ¿Qué tipo de prevención? Si estamos de acuerdo sobre que las sociedades más igualitarias y solidarias son las menos violentas, entonces podemos trabajar para cohesionar nuestra comunidad. De la mano, generar condiciones para disuadir delitos. Aceptados estos límites, entonces el municipio puede trabajar en armar un plan de prevención de la violencia y el delito.

2. Hace falta información para poder planificar. No se puede prevenir lo que no se conoce. Necesitamos saber qué tipo de violencia y delitos hay en la comunidad, las características, las frecuencias. Si sabemos que la violencia aumenta con los días más largos, los fines de semana, cuando se consume alcohol y que las principales víctimas son jóvenes varones, entonces podremos planificar cómo prevenir esa violencia. Esa información hay que salir a buscarla en la policía, Justicia, hospitales o centros de salud, en las noticias. Lo más importante, hay que preguntarle a los vecinos.

3. Diagnóstico participativo con todos los sectores de la comunidad. La información estadística puede darnos algunas pistas de lo que está pasando. La misma comunidad puede ponerle carne a esos números, explicar cómo son esos conflictos violentos y delitos. Para eso es necesario hablar, escucharse, recorrer las zonas complicadas, tratar de entender todas las caras de los problemas. Hay que escuchar a todos, especialmente a los que son señalados como problemáticos. Si no, la comunidad los culpará de todos los males y supurará propuestas para borrarlos del mapa. Los conflictos y la violencia afectan a todos, por eso todos deben participar en buscar las soluciones.

4. ¿Y cómo lo solucionamos? Si ya sabemos qué nos está pasando y si ya pudimos entender por qué está pasando, entonces la pregunta será: ¿qué hacemos para cambiar las cosas? ¿Con qué vamos a hacerlo? Las experiencias muestran que es importante empezar eligiendo uno o dos problemas y concentrarse en ellos. Por ejemplo: violencia armada, o violencia de género, o consumo de alcohol. Un caso: enfrentamiento entre banditas de adolescentes que usan armas. Una respuesta posible pasa por entender las raíces de esos enfrentamientos, tratar de desmontarlos e incluso inducir cambios culturales. Quizá lo que haga falta sean mediadores, sacar armas de circulación, controlar la venta de balas y trabajar en la comunidad.

5. Con qué y con quienes se puede trabajar. La siguiente pregunta: ¿qué nos falta para aplicarlo? Las estrategias de pueblos y ciudades que se ocupan de prevención necesitan buenas alianzas: una convocatoria amplia y sostenible a lo largo plazo para desarrollar los objetivos. Las cosas prácticas se implementan rápido, pero las estratégicas necesitan tiempo y constancia. Organizaciones comunitarias, académicas, sindicatos, credos, partidos políticos, clubes, organizaciones juveniles, medios de comunicación, empresarios, referentes de la comunidad. La lista es larga, pero es fundamental que estén los vecinos y por supuesto, aquellos que están en medio de los conflictos. Todos deben aportar pensando no sólo en el corto plazo, sino en estrategias de desarrollo con inclusión y cohesión. Y comprometerse en trabajar juntos con la comuna en implementar lo decidieron.

6. Evaluar y volver a empezar. Después de un tiempo se verán los resultados. Hay que ver entre todos si mejoró la vida, si se volvieron a ocupar las calles y plazas, si todos se sienten entusiasmados, si faltó gente para sumar, si mejoraron las relaciones en la comunidad. No hay que medir resultados sólo en cantidad de delitos (eso lleva mucho más tiempo). Evaluando tal vez se decida continuar haciendo lo mismo, o nuevas acciones. Nunca hay que perder de vista que el objetivo es construir un lugar para vivir más integrado, solidario que pueda resolver sus problemas sin violencia.
Veamos un ejemplo. La Municipalidad de Rosario definió que puede aportar a la prevención la violencia. Reunió información y analizó datos propios a través del Observatorio de Convivencia: las peleas de grupos de jóvenes con armas de fuego saltaron como un problema evidente. La decisión fue enfocarse en reducir la violencia armada desde varias perspectivas: convivencia, control, desarme. El análisis de información mostró que las víctimas suelen repetirse y estar relacionadas entre sí. La hipótesis se corroboró: enfrentamientos y venganzas. Algunas de las acciones elegidas fueron montar un sistema de atención de las víctimas y otro de mediación de conflictos para prevenir la violencia. También ampliar el programa Nueva Oportunidad para grupos juveniles, entendiendo que las soluciones no pasan sólo por la inclusión laboral, sino también por la inclusión cultural.

Estamos dejando de pensar la seguridad sólo como un tema de policías y cárceles. La seguridad ciudadana se construye entre todos. Las municipalidades pueden aportar desde las estrategias de prevención. La planificación participativa, el compromiso colectivo amplio, la articulación de políticas y esfuerzos, demuestran ser un camino efectivo. Pero no hay que perder de vista que el objetivo es tener comunidades más inclusivas, igualitarias y solidarias para reducir la violencia.

MARTÍN APPIOLAZA es especialista en seguridad y en gestión de proyectos sociales, coordina el Diplomado de Seguridad Democrática, ha trabajado para Naciones Unidas, gobiernos y otras organizaciones internacionales en la mayoría de los países de América Latina.